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Orfeo. Claudio Monteverdi. Vídeo, letra e información.

La primera ópera de la historia basada en Orfeo, el hombre, héroe y mito griego.

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Monteverdi era el mejor músico de la Italia de comienzos del siglo XVII, y como tal, estaba al servicio de dos de los poderes terrenales más acaudalados del momento, El Duque de Mantua Vicenio Gonzaga y la Basílica de San Marcos de Venecia.

En el año de 1607 todo Mantua se dispuso, un año más, a celebrar el Carnaval. Con ese motivo, el conocido poeta de la corte Striggio escribió una obra de teatro sobre el mito de Orfeo, hijo de Apolo y héroe de la mitología griega, a la que Claudio Monteverdi le pondría música. Así surge La favola d’Orfeo. Obra compuesta por un prólogo y cinco actos, La favola d’Orfeo es la primera obra musical a la que se puede llamar ópera, pues es en esa composición, y no antes, cuando se introduce la novedosa estructura dramática y musical que sentaría las bases que perdurarán en la ópera hasta nuestros días, la separación entre recitativo y aria, la forma estrófica y los ritornellos, la inserción de danzas, la intervención del coro y la introducción simple y puramente orquestal.

Es indudable que el mito de Orfeo influye en el nacimiento de la ópera, y también en su reforma, cuando Gluck la acerca al público tras los excesos vocales del Barroco. Y es que el mito de Orfeo es tan potente que ha logrado ser fuente inagotable de inspiración para el artista. Orfeo ha inspirado a compositores como Germi, Peri, Caccini, Monteverdi, Gluck, Charpentier, Pergolesi, Telemann, Haydn, Rossini, Berlioz, Listz, Offenbach, Stravinsky, Malipiero, Milhaud, Casella, Krenek, Bonfa o Akstagawa. Pero también a literatos como Francisco de Quevedo o a cineastas como Marcel Camus.

Orfeo es el hombre enamorado que sucumbe por su propia debilidad; es el hombre capaz de transmitir felicidad, de encandilar a los animales y a la naturaleza con la música que sale de su lira. Pero también es el héroe que desciende a los infiernos para enfrentarse a Caronte y rescatar a su amada. O para quedarse allí, con ella. El mito Orfeo triunfa de todas maneras. Por eso se ha instalado en el subconsciente colectivo de la humanidad y ha conseguido mantenerse vivo a través de las artes, porque es alguien que no debe morir jamás.

A pesar del tiempo y la evolución de las artes y de los estilos, siempre de actualidad, Orfeo aguanta cualquier escenografía, desde la original de Monteverdi hasta la contemporánea que hoy os traemos aquí. Es el comienzo del Acto II, en el que Orfeo canta a la belleza de la naturaleza y recuerda las penas de otros tiempos. Tan sólo ponemos ese bucólico pasaje alegre y pastoril, porque, poco después, una mensajera le comunica que su amada Eurídice ha muerto mordida por una serpiente, mientras recogía flores. Es cuando Orfeo toma la decisión de viajar a los infiernos para rescatarla, o para quedarse con ella si no fuera posible. ¡Toma ya!. Por eso se lo dedico a mi idealista y soñador amigo Pablo A., que con lo que he dicho estoy seguro que debe ser su ópera preferida.

Atto Secondo

Sinfonia
 
Orfeo
Ecco pur ch’à voi ritorno
care selve e piaggie amate,
da quel Sol fatte beate
per cui sol
mie notti han giorno.
 
Ritornello
 
Pastore
Mira,
ch’ à se n’ alletta
l’ ombra Orfeo di que’ faggi
hor ch’ infocati raggi
Febo dal ciel saetta.
 
Ritornello
 
Sù quell’ erbose sponde
posiamci,
e ‘n varij modi
ciascun sua voce snodi
al mormorio de l’ onde.
 
Ritornello
 
Due pastori
In questo prato adorno
ogni selvaggio Nume
sovente hà per costume
di far lieto soggiorno.
 
Ritornello
 
Quì Pan, Dio de’ Pastori,
s’udì talhor dolente
rimembrar dolcemente
suoi sventurati amori.
 
Ritornello
 
Qui le Napee vezzose,
schiera sempre fiorita,
con le candide dita
fur viste à coglier rose.
 
Ninfe, Pastori
Dunque fa’ degn’ Orfeo,
del suon de l’ aurea lira.
Questi campi ove spira
aura d’ odor sabeo.
 
Ritornello
 
Orfeo
Vi ricorda ò boschi ombrosi,
de’ miei lunghi aspri tormenti,
quando i sassi a’ miei lamenti
rispondean fatti pietosi ?
 
Ritornello
 
Dite, allhor non vi sembrai
più d’ ogni altro sconsolato?
Hor fortuna hà stil cangiato
ed hà volti in festa
i guai.
 
Ritornello
 
Vissi già mesto e dolente.
Or gioisco e quegli affanni
che sofferti
ho per tant’ anni
fan più caro
il ben presente.
 
Ritornello
 
Sol per te, bella Euridice,
benedico il mio tormento.
Dopo ‘l duol
viè più contento,
dopo il mal viè più felice.
 
Pastore
Mira, deh mira, Orfeo,
che d’ ogni intorno
ride il bosco e ride il prato.
Segui pur col
plettro aurato
d’ addolcir l’ aria
in sì beato giorno.
 
Segundo Acto
 
Sinfonía
 
Orfeo
Vuelvo a vosotros,
queridos bosques y ríos amados
que debéis vuestra felicidad
al sol,
el que hace días de mis noches.
 
Ritornello
 
Pastor
Mira, Orfeo,
que maravillosa sombra
dan estas hayas, ahora que Febo
envía rayos de fuego
desde el cielo.
 
Ritornello
 
Descansemos sobre estas verdes
orillas y que cada uno,
de diferente manera,
mezcle su voz con el murmullo
de las ondas.
 
Ritornello
 
Dos pastores
Sobre este prado adornado
todas las divinidades silvestres
acostumbran a tener
a menudo alegres asambleas.
 
Ritornello
 
Aquí se le oyó a Pan,
el dios de los pastores,
evocar con tristeza y dulzura
sus infortunados amores.
 
Ritornello
 
Aquí se ha visto
a las graciosas Napes,
grupo siempre florido,
coger rosas con sus blancas manos.
 
Ninfas, Pastores
Haznos, pues, dignos, Orfeo,
del sonido de tu lira.
Estos campos donde se respiran
suaves aromas.
 
Ritornello
 
Orfeo
¿Recordáis, sombríos bosques,
mis crueles y largos tormentos,
cuando las rocas, llenas de piedad,
respondían a mis lamentos?
 
Ritornello
 
Decid, ¿no os he parecido
la criatura más desesperada?
Ahora la suerte ha cambiado
y ha transformado
mis penas en alegrías.
 
Ritornello
 
He vivido triste y desgraciado.
Ahora me alegro y los sufrimientos
que he padecido,
durante tantos años,
me hacen más querida
la felicidad presente.
 
Ritornello
 
Es sólo por ti, bella Eurídice,
que yo bendigo mi tormento.
Después del dolor
se está más contento,
después del mal se es más feliz.

Pastor
Mira, agraciado, Orfeo,
mira los bosques y los prados
que ríen a tu alrededor.
Sigue, pues, haciendo
más dulce el aire
con el plectro de oro,
en estos días tan felices.

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Buenas canciones que te sacudan la monotonía. Algunas ya las habrás oído, otras serán nuevas. Ójala que con todas toquemos tu corazón.

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