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Wagner y la monumental Marcha fúnebre de Sigfrido.

La muerte de Sigfrido fue el germen del proyecto musical más ambicioso de la historia hasta entonces, la tetralogía El anillo del nibelungo.

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El aplastamiento del frente revolucionario de Dresde en mayo de 1849 terminó con la fuga hacia el exilio y a toda prisa del compositor Richard Wagner acompañado por dos de sus compañeros revolucionarios, el célebre líder anarquista Bakunin y Otto Heubner, miembro destacado del gobierno provisional revolucionario que acababa de caer. El año anterior, famoso por ser el de la revolución de 1848 que acabó con la idea de que los alemanes estaban vacunados contra la tentación revolucionaria gracias a sus raíces luteranas, se publicó el Manifiesto comunista de Marx, y Wagner componía el poema La muerte de Sigfrido, el germen del proyecto musical más ambicioso de la historia hasta entonces.

Ese año Wagner se encontraba inmerso en el estudio del universo mitológico germánico, mitos y leyendas que alimentaron su producción dramática desde que en 1840 compusiera El holandés errante hasta su muerte. En concreto, estuvo centrado en el Cantar de los nibelungos, epopeya nacional germánica del siglo XIII que narra la llegada del príncipe Sigfrido a la corte del rey Gunther a orilla del Rin, y su posterior asesinato. Sin embargo, Wagner continuó investigando en los Edda y en la Saga de los volsungos, fuentes escandinavas de origen mucho más antiguo que el poema alemán, poemas arcaicos donde Sigfrido emparenta directamente con el dios supremo Wotan/Odín, y donde el compositor descubrió el universo pagano donde la tragedia de Sigfrido adquirió una dimensión moral completamente distinta a la que habían tenido sus dramas cristianos anteriores, Tannhäuser y Lohengrin.

De este modo Wagner concibió la tetralogía El anillo del nibelungo, una saga monumental, la más ambiciosa del compositor, un ciclo en el que tomaban cuerpo todos los elementos de la obra de arte total del gran creador alemán. En ella están contenidas todas las aportaciones y las transformaciones que Wagner introdujo para poder llegar a la plena realización del drama musical. Tan vasta que no parece obra de un solo hombre. De hecho, Wagner invirtió veintiséis años de su vida en la creación de una obra que abarca desde el amanecer de los tiempos representado al principio de El oro del Rin, hasta la desaparición del mundo de la escena final de El ocaso de los dioses.

En 1849, Wagner alumbraba la tercera jornada del Anillo, El ocaso de los dioses, obra que no se estrenaría, después de esquivar muchos obstáculos, hasta el 17 de agosto de 1876. Bayreuth sería el escenario del acontecimiento en el que por primera vez aparecían las cuatro obras, como quiso el autor. En ella, la monumental Marcha fúnebre de Sigfrido. La escena comienza con la muerte del héroe, asesinado por Hagen que acaba de clavarle a traición una lanza por la espalda. El cadáver es transportado por los nobles. Mientras tanto, la orquesta toca con un inigualable sabor trágico y majestuoso esta impresionante música fúnebre, construida sobre varios de los principales temas que han acompañado la existencia del joven Sigfrido en la Tetralogía.

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