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El ascenso de la alondra de Vaughan Williams.

Junto con Elgar, Holst y Britten, Vaughan Williams es el responsable de rehabilitar la producción musical británica, desaparecida desde hacía doscientos años.

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La Naturaleza ha sido una de las grandes fuentes de inspiración de los músicos, siendo los pájaros los seres vivos a los que más se ha recurrido para crear diferentes aunque siempre sublimes composiciones. La mayoría han descrito su canto, como Vivaldi en Las cuatro estaciones, Liszt en el Vals Mefisto, Messiaen en El despertar de los pájaros, Grieg en el Nocturno de sus Piezas líricas, o Coates en Bird Songs at Eventide. Otros han retratado sus costumbres, como Respighi en la suite Los pájaros, Sibelius en el tercer movimiento de su Quinta sinfonía, llamado Las Grullas y Saint-Saëns en El cisne, una belleza inserta en esa broma musical que tituló El Carnaval de los animales. ¿Fue el vuelo de una alondra lo que inspiró a Ralph Vaughan Williams para componer uno de los pasajes musicales mas cautivadores relacionados con las aves? Si y no. Veamos la historia.

Ralph Vaughan Williams tuvo dos grandes pasiones en la vida. La primera de ellas, la creación de un estilo musical nacionalista. Algo que alcanzó después de haber recopilado y estudiado más de 800 canciones de la Inglaterra pre-industrial y rural. Esta primera, iniciada por puro interés etnográfico, lo llevó a entusiasmarse por la segunda de sus pasiones, estudiar el pasado musical de su país y forjar así un sólido estilo personal. Con esto logró lo que otros compositores como Bártok, Kodály o Janaceck conseguirían en sus países, imprimir un fuerte carácter nacional al resto de su música. Eso lo hace responsable, junto con Elgar y Holst, y posteriormente Britten, de situar de nuevo en el mapa internacional la producción musical de las Islas Británicas, prácticamente desaparecida desde la prematura muerte de Purcell. ¿En qué consiste ese estilo, ese ser típicamente inglés, también en música? Nos lo aclara el escritor Peter Ackroyd: música ostensiblemente familiar y común, aunque profunda y mística al tiempo que lírica, melódica, melancólica y nostálgica, aunque eterna.

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, Vaughan Williams, que por entonces contaba con cuarenta y un años, se alistó en el ejército. La experiencia de servir en la guerra, primero como camillero del Royal Army Medical Corps en Francia y luego como oficial, sirvió para desarrollar aún más su nostalgia por una época y un mundo y que ya no existían. No es de extrañar que poco después de volver a casa en 1919, retomara de nuevo una romanza para violín y piano compuesta en 1914, le hiciera los ajustes necesarios según la necesidad de quién había visto el horror de la guerra, y la orquestara como memoria emocional de un tiempo pasado. The Lark Ascending no se ejecutó por vez primera en público hasta 1920. Mientras que la versión definitiva, como poema sinfónico, se estrenó el 14 de junio de 1921. La obra está inspirada en el poema homónimo del poeta y novelista victoriano George Meredith, un escritor hoy olvidado pero muy admirado en su momento por autores como Oscar Wilde, James Joyce, Virginia Woolf, Robert Louis Stevenson, Marcel Schwob y Rudyard Kipling. Merecedor por tanto de ser fuente de inspiración de un poema sinfónico. Y más habiendo muerto en Box Hill, no muy lejos de Dorking, Surrey, donde Vaughan Williams vivió gran parte de su vida. Y en una fecha, 1909, en la Vaughan Williams se encontraba creando un lenguaje sonoro tan personal e inconfundible que nunca se está muy seguro de estar escuchando algo muy antiguo o muy nuevo, según dejó escrito en el Grove Dictionary of Music and Musicians el crítico Fuller Maitland.

En contra de lo que puede suponerse y por muy descriptivo que sea el título, Vaughan Williams no se inspiró en más alondra que la de los versos de Meredith que el compositor cita al principio de la partitura. Y también en el transporte de tropas en el Canal de La Mancha, según declaró tras ser arrestado a causa la denuncia de un Boys Scout que tomo por el mensaje cifrado de un espía las notas que el compositor tomaba en un acantilado.

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