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Being Beauteous, Les Illuminations. Bejamin Britten. Vídeo, letra e información.

En su eclecticismo, Britten bebió de fuentes tan diversas como un poema en prosa de Paul Verlaine.

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La mayoría de los críticos coinciden en que el poema en prosa se originó en Francia a mediados del siglo XIX. Y que, como casi todo, nació de una necesidad. La de crear una forma de expresión libre de las convenciones, las limitaciones y la versificación mecánica del lenguaje poético francés, vacío de toda emoción y experiencia poética desde al menos el siglo XVIII. El carácter descriptivo o anecdótico del poema en prosa facilitó que desde sus orígenes estuviese estrechamente vinculado a las artes. Algo que es evidente en el caso de la pintura y en menor medida, aunque de forma más compleja, en el de la música. Pueden encontrase piezas musicales que han influido en la composición de poemas en prosa. Pero lo contrario es más frecuente. No es la música la que influye en la creación del poema, sino que es el compositor el que le ha puesto música a determinados poemas en prosa.

Paul Verlaine publicó en forma de libro en octubre de 1886 un conjunto de textos escritos por su amigo y amante Arthur Rimbaud entre 1873 y 1874. Sobre fragmentos de ese retablo de poemas en prosa llamado Les Illuminations, el británico Benjamin Britten compuso un ciclo de nueve canciones compuesto para soprano o tenor y orquesta de cuerdas, Les Illuminations op. 18. A Britten se le conoce por usar recursos de todo tipo y procedencia. En su particular eclecticismo bebió de Dowland, Purcell, Haydn, Verdi, Richard Strauss, Puccini, Mahler, Shostakovich, Stravinsky, Bartok, Hindemith, Schoenberg, Berg, Gershwin y de su maestro Frank Bridge. Y de la música popular inglesa y norteamericana, el gamelán de Bali, el gagaku japonés y, en este caso, la prosa poética de Rimbaud. Nada de su interés se le escapó para crear un estilo personal e inimitable.

Britten compuso Les Illuminations op. 18 en dos periodos cercanos en el tiempo pero lejanos en el espacio. Dos de esas canciones –Marine y Being beauteous– en marzo de 1939, cuando todavía vivía en Suffolk, piezas que fueron estrenadas independientemente del resto en los Promenade de Londres de ese mismo verano. Entre julio y octubre del mismo año compuso el resto de las canciones en Long Island, donde viviría huyendo de la guerra en Europa desde 1939 hasta 1942. Estando Britten en Norteamérica, Les Illuminations op. 18 fue estrenada en Londres en enero de 1940 por la soprano Sophie Wyss, a quien Britten había dedicado la obra.

Being Beauteous, compuesta por Britten con un texto de Rimbaud, interpretado por la soprano y arpista francés Sandrine Piau y la Geneva Camerata dirigida por David Greilsammer. Su texto dice así:

Devant une neige un Être de Beauté de haute taille. Des sifflements de morts et des cercles de musique sourde font monter, s’élargir et trembler comme un spectre ce corps adoré: des blessures écarlates et noires éclatent dans les chairs superbes. Les couleurs propres de la vie se foncent, dansent, et se dégagent autour de la Vision, sur le chantier. Et les frissons s’élèvent et grondent, et la saveur forcenée de ces effets se chargeant avec les sifflements mortels et les rauques musiques que le monde, loin derrière nous, lance sur notre mère de beauté, —elle recule, elle se dresse. Oh! nos os sont revêtus d’un nouveau corps amoureux.

O la face cendrée, l’écusson de crin, les bras de cristal! Le canon sur lequel je dois m’abattre à travers la mêlée des arbres et de l’air léger!

Ante una nevada, un Ser de Belleza de elevada estatura. Silbidos de muerte y círculos de música sorda hacen subir, ensancharse y temblar como un espectro a este cuerpo adorado; heridas escarlatas y negras estallan en las carnes magníficas. Los colores propios de la vida se oscurecen, danzan, y se disipan en torno a la Visión, en el taller. Y los escalofríos se levantan y gruñen, y el furioso sabor de estos efectos cargándose de los silbidos mortales y las roncas músicas que el mundo, allá lejos tras nosotros, lanza sobre nuestra madre de belleza, ella retrocede, se yergue. ¡Oh!, nuestros huesos se han revestido de un nuevo cuerpo enamorado.

¡Oh la faz cenicienta, el escudo de crin, los brazos de cristal! ¡El cañón sobre el que debo arrojarme por entre la maraña de árboles y el aire leve!

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