Tu imagen de mí.

O la inquietud que todos podemos tener sobre qué piensan de nosotros.

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Los recuerdos y la memoria tienen sus propias reglas y sus particulares escalas de importancia. Yo a veces me pregunto cómo puedo acordarme perfectamente del nombre de los 12 apóstoles, así de carrerilla, y sin embargo de la tabla periódica, con mucha más relevancia en todos los aspectos, sólo llego a la segunda columna y algunos elementos sueltos.

En fin, que uno a veces no puede controlar según qué cosas de esas conexiones que nuestro cerebro hace de forma tan extrañamente selectiva. No obstante, sí que hay conceptos que nos marcan, que nos descubren realidades y que pasan la prueba del paso de los años.

Uno de esos me llegó cuando tenía entre los 15 y los 16 años, fue en clase de filosofía, no recuerdo el nombre de nuestra profesora, pero lo que sí recuerdo es a Johari y a su ventana. Psicología cognitiva para ilustrar los procesos de interacción humana.

Y de ahí, de la ventana, ese interés mío por las relaciones personales y el conocimiento del yo, que hoy traigo a este Oops y que tiene relevancia después de lo que ayer me dijo Teresa camino de casa.

Decían Joseph y Harry, los psicólogos que idearon esta herramienta, que nuestro yo se divide en cuatro áreas. Una que sólo conocemos nosotros, otra que sólo conocen los demás, una tercera en la que el conocimiento que uno tiene de sí mismo coincide con el que lo demás tienen, y una última área que resulta ser absolutamente desconocida para propios y extraños.

Y en esta línea, muchas veces me he preguntado, y sobre todo estos dos últimos meses, en los que he tenido que ser con Teresa más dura de lo que me hubiera gustado, qué pensaría ella de mí. ¿Me habría convertido de pronto en un ogro a ratos? ¿Si tuviera que decir algo de mí, qué palabras utilizaría? Y así…

Pues bien, ayer de vuelta a casa, y tras haber pasado la tarde paseando por Madrid con María y su hijo Fernando, Teresa y yo nos enredamos en conversaciones de colores, coches y tamaños. Que si el semáforo está rojo, que si ese coche es «gaaaande» o el «tuneen» es «enooonme». Todo muy entretenido hasta aquel «Mamá es buena».

Lo dijo con esa quietud con la que dice las cosas que le importan. Yo la veía a través del retrovisor, y reconozco que sentí como un consuelo. De pronto la hoja de la ventana desde la que ella me ve, se abría para decirme algo, y ese instante, ese, se que va a quedar fijado ahí en ese área selectiva, como lo han estado tanto tiempo los 12 apóstoles, porque así es. Porque es así como los recuerdos funcionan.

Más información Paloma Valdivia

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2020.+

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