La Granja.

Un día con animales... y no sólo de granja.

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La relación de Teresa con los animales siempre ha sido de respeto y curiosidad, entiendo que como la de todos los niños. En su mundo sólo una tortuga, a la que al principio huía y después daba endivias con un ímpetu que devolvía a Cloti a las profundidades de su caparazón, y que siempre iba acompañado de una mirada de Teresa entre el susto y la confusión.

Y es que cuando Teresa era muy pequeña, que ahora lo es pero menos, se asustaba con facilidad. Le compré un perrito de juguete de esos que ladran, dan cuatro pasos y tras un intento de sentarse dan una voltereta, ¿sabeis cuáles digo verdad? Pues ella era escuchar aquellos ladridos un tanto chillones y ponerse a llorar. Ni qué decir de cuando daba la voltereta… Así que como no sabía si era cosa del peluche saltarín, y para que no le cogiera «susto» a los perros, una vez a la semana solíamos ir a la tienda de mascotas de un centro comercial, donde siempre había algún cachorrito suelto, para que se le fuera quitando aquel miedo suyo que siempre terminaba con ella agarrada a mis rodillas.

Pero con el tiempo todo eso se ha ido disipando. Les sigue teniendo respeto, pero ahora siente más atracción. Le gusta ver animales, y si se dejan, también tocarlos. Así que me alegré cuando esta semana recibí el correo de la guardería diciéndome que el viernes tenían la actividad La Granja en el cole.

Cerditos, conejos, pájaros, patos… «y elefantes, y leones» me decía Teresa en el coche camino de la guardería el viernes. -No Teresa, elefantes no va a haber – le decía yo ante su cara de asombro -¿Y leones? – Tampoco, leones tampoco, Teresa – ¿No? ¿ y poté mamá?- Pues porque los leones son muy grandes y además a mí me dan mucho miedo.- Hubo un silencio y un mirar a través de la ventana, y al rato la pregunta- ¿Te gustan los perritos?- Sí claro, los perritos me gustan- ¿Y los gatitos?-También Teresa, los gatitos también. Que son de esas conversaciones de recorrido que me encanta tener con ella, y con las que siempre acabamos riéndonos mucho.

Y efectivamente no hubo ni elefantes ni leones, que fue lo primero que me dijo cuando la recogí por la tarde, pero sí pajaritos yellow, iguanas, caimanes (para ella «totodrilos») y tortugas, que de granja no son, pero también estaban.

Se la veía eufórica, con esa felicidad de ojos muy abiertos y mucho agitar de manos, que nos regaló una vuelta a casa llena de anécdotas. Ahora sólo queda que veamos las fotos, porque muero por ver su cara delante de una tarántula. Impagable.

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