Al mal tiempo, más tiempo

Y con el tiempo descubrir cómos y por qués, los suyos, que divierten tanto.

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Esta semana el mal tiempo nos ha devuelto a los pantalones largos y a los jerseys, cuando casi acabábamos de terminar con el cambio de armario. Pero no contento con esto, también nos ha regalado una otitis a mitad de semana, sin fiebre eso sí, pero con ella y de la mano, un cambio de planes.

El martes por la noche enunció la frase. «Mamá me duele el oído» me dijo tocándose su oreja izquierda. Y esas palabras siempre han estado seguidas de visita a su pediatra, antibiótico, probiótico, antiinflamatorio y días en casa. Así que el miércoles hicimos lo propio y voilá, allí estaba su otitis perfectamente identificada del día anterior.

¿El resultado? El resto de la semana en casa para su recuperación, y consiguientemente más tiempo juntas del habitual que nos suele separar a las 9:30, y nos reencuentra a las 17:00.

Y así hemos estado los últimos tres días, compartiendo espacios y tiempos en los que la he vuelto a descubrir, desde su propia búsqueda del mundo y de las cosas.

«Mamá ¿me pones la capa mágita?» Y en sus manos una manta de crochet gris que suele estar a los pies de su cama. «Claro Teresa» le contesté mientras se la anudaba al cuello. «Es que soy un rey». «Será una reina Teresa». «No mamá, un rey» -que se ve que las reinas no llevan capas-, y se fue a por su corona de fieltro y su varita de cartón para completar su look regio, que a su vuelta ya era de reina.

Y muy metida en el papel colocó su silla de madera pegada a la pared, en una mano Mickey, en la otra la varita, mientras pronunciaba «Voy a hacer un niño». Yo que no le quitaba ojo, estaba entre el asombro y la risa, que no pude contener tras su «Magia Potagia… tachaaaaán» con el ratón de Disney saliendo de entre la pared y su espalda, sus ojos vivarachos y un «Mira mamá, he hecho magia, que es muy fifícil».

Y lo es, claro que lo es, como lo es convertir a los reyes en magos a golpe de varita, aunque bien visto, reyes y magos ya los tenía ella fichados.

Lo divertido de todo esto ha sido ver cómo su mundo está tan lleno de posibilidades, de plastilinas de colores que se convierten en helados o flores, que regala casi como tesoros, de alfombras de baño con forma de cocodrilo que sirven para montar un hospital de campaña con tiritas por doquier. De cestas de picnic que reúnen a los muñecos en círculos de galletas y vasos de agua.

Y para mí lo «fifícil» es volver a mi mundo sin llenarlo de ojos de pegatina, tiritas de planetas, y esa forma de pensar en la que todo es posible, que Teresa me enseña con tanto empeño.

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