Memo y la búsqueda de lo útil.

Una semana, un cúmulo de circunstancias, y dos frases de esas para darle a uno un empujoncito.

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Esta semana no ha tenido desperdicio. El miércoles se completó la primera semana de guarde en este lugar que es Madrid, y en el que Teresa ha logrado adaptarse de una forma que a todos nos tiene sorprendidos.

Nuestras tardes son de «pintá», de «tinas de titi» o lo que es lo mismo, pegatinas de Kitty, de ese álbum que le regaló su «abu» de Alicante. Son también de libros de animales, de canciones de cantajuegos, y de mundos submarinos con «Memo» como protagonista. Sí «Memo», ese pez payaso de padre con nombre de pez espada, y una aventura oceánica que casi acaba en pecera de dentista. Porque a Teresa, que hasta ahora no aguantaba nada delante de la televisión, Buscando a Nemo la hipnotiza, amén de Bruce, que con su apariencia de tiburón y esa voz de Gurruchaga, le hace llevarse la mano al pecho seguido de un «suto», absolutamente comprensible.

El jueves subíamos a los 38 grados de fiebre, y ampliábamos nuestro botiquín con Junifen, Symbioram y un regreso a la aerochamber. Nada grave, un catarro que arrastra desde finales de verano, que debe sentirse a las mil maravillas en su pequeño cuerpecito, y al que tratamos de poner remedio, con esta, ya tres veces.

Y yo a todas estas aún entre cajas, sin conseguir establecer rutinas. Me refiero a horarios de estudio, de trabajo, de desarrollo de ideas. Las horas se escapan entre perchas, montañas de papel de periódico, cinta aislante y maletas. Entre compras necesarias y limpiezas, que no me han dado mucha tregua estos últimos siete días.

Como resumen: una semana, un cúmulo de circunstancias, y dos frases de esas para darle a uno un empujoncito. El clásico «cuando huye la suerte… sigue nadando» que esta vez vino vía Teresa, de esas y tantas veces que hemos visto ya la historia de Nemo. Y como segunda píldora: «lo que haces es muy importante, solo que tú aún no lo sabes», que llegó después de una mañana vuelta del revés, y que sin quererlo me ha hecho reflexionar sobre cómo a veces lo importante no es estar en el lugar visible, sino en un discreto segundo plano, ese que hace que todo lo demás termine fluyendo. Por eso nosotros seguiremos nadando, que esto nos encanta.

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