Los veranos son para recordar.

Carrito, cubo, pala, rastrillo, patitos de goma, piscinita hinchable, sombrilla, bolsa de playa y sombreros para todos...

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¿Lo tenemos todo? Me pregunta Jorge. Yo entre carrito, cubo, pala, rastrillo, patitos de goma, piscinita hinchable, sombrilla, bolsa de playa y sombreros para todos, asiento con la cabeza.

Estamos en un hotel al sur de Gran Canaria. Nuestra habitación, por primera vez con cuna, es amplia, con terraza y con vistas a un mar que se funde en el horizonte con cielos azules y algo de calima.

La pregunta inicial nos la hacemos cada vez que bajamos a la playa. ¿Os acordáis del circo de tres carpas? Pues añadamos una más.

Nos gusta poner la sombrilla cerca de la orilla. Porque la arena está más compacta y porque la brisa del Atlántico es una gozada. Desplegamos la toalla, llenamos su piscinita con agua y ponemos a Teresa sentada en la arena para que ella haga el resto.

No le quita ojo a la pala y al rastrillo, y a ese colador en forma de pez de un rojo vibrante. Estira su bracito y con una mano coge el cubo amarillo con forma de castillo con sus cuatro torres. Le gusta porque tiene agua y mojarse es algo que le encanta. Con la otra rasca la arena, que aquí es negra, muy negra, hasta que logra coger un puñadito y convertirla en una amalgama en contacto con el agua.

Su cara es de felicidad, de disfrute, de mucho entretenimiento. Salpica, juega y come arena. Su boca se queda del color del carbón, y para remediarlo un poco de agua de mar saladita. Y ella venga a relamerse y a tirar besitos. Una cosa lleva a la otra.

Su primer baño en el mar fue en compañía de su abuelo materno, que ya nos advirtió hace meses que le reserváramos ese momento. Fue a principios de esta semana y como imagináis hicimos muchísimas fotos. Casi fue un paso a paso. Y en todas, ella feliz. Ni el frío del agua, ni las olas con su espuma blanca le impresionaron, se reía y a su manera, con esos sonidos que hace, parecía que decía “esto me gusta”.

Y como es el primero, este verano lo guardaremos en la primera fila del archivo de recuerdos. Y cuando ella sea una adolescente le diremos “Ay Teresa, no sabes cómo te gustaba el mar desde el principio. Pregúntale a tu padre y verás como te dice que no hacías más que comer arena y saborear el agua del mar. Ven mira, ¿ves esta foto? aquí estabas gateando hacia la orilla, estabas tan graciosa…”

No sé a vosotros, pero a mí los veranos me encantan y con sus recuerdos disfruto aún más.

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