-ito / -ita.

Y una lección: "cuidadito con los -itos, no repitas tantos -itas".

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Hace años, unos diez, cuando todo comenzaba de nuevo y los círculos, que ahora son amplios, se reducían tanto que angustiaban, también me iniciaba en un nuevo trabajo. Y aquello que aparentemente se me hacía cuesta arriba, se relativizó mucho gracias a mis nuevos compañeros.

Algunos un hallazgo, personas que marcaron una etapa, y de los que aún guardo buenos recuerdos, anécdotas, e incluso frases míticas. Y entre esas, está aquella en la que descubrí, tras una conversación sin mucha chicha, el exagerado uso que hacía de los diminutivos. Ella fue directa, algo así como «¿por qué los usas tanto?», y yo que hasta entonces no lo había advertido, le contesté con un «ni idea» al que acompañe de una sonrisa.

Nada serio para qué engañarnos, pero sí curioso, que el tiempo, muy dado a revelar lo si quiera planteado, me ha hecho ver que quizás sea cosa de relativizar situaciones.

Y llegamos a 2013, agosto, ese mes en el que Teresa no hace más que hablar a su manera, y yo me deshago en búsquedas mentales para tratar de comprender el significado de «atún», que para significar azul suena más a pez de almadraba, o «ata» que casi es más asa que taza.

Un reto asumible, al que yo sin quererlo, le he añadido la dificultad del -ito /-ita. Lo que se traduce a que en vez de decir mano, digo manita, a la salchicha, la llamo salchichita, y cuando le pregunto que si quiere que le haga una coleta, la denomino coletita. Y claro, si a esto le sumamos que Teresa se queda, y mucho, con los finales de las palabras, pues casi que todo -ito / -ita que se precie, puede ser cualquier cosa.

Y así fue la otra tarde. La pobre acabó poniéndose las manos en la cara de pura desesperación. Me miraba y me decía «ita, ita», y si es verdad que se tocaba el pelo, yo no lo advertí hasta después de unos diez «itas». Quería que le recogiera el flequillo en una coleta, que para ella es coletita, y consecuentemente «ita». Y yo claro, me deshacía en listados mentales para tratar de dar con aquello, que por cómo lo decía, yo debía de saberlo.

Al final ella tuvo su coleta, y yo mi lección aprendida «cuidadito con los -itos, no repitas tantos -itas», y así la historia también tiene su rima.

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