El poder de Lekkamrat.

El Nene, como lo llamamos en casa, es un muñeco de peluche que llegó a su vida este verano de manos de la abuela materna.

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Desde que Teresa empieza a tener más percepción de su entorno y de sus cosas, hemos tratado de averiguar qué es lo que más le atrae, con qué cosas pasa más tiempo, o con qué se emociona más. Una emoción que ella expresa en clave de sonidos, movimientos de manos y brazos, y un abrir de ojos como platos.

En nuestro registro de cosas figuraban la mariposa de My Butterfly que le compramos en Manhattan, un peluche de Mickey, una rana de madera que Jorge y yo compramos cuando éramos novios, y unas piezas gigantes de puzzle, a las que les está sacando muchísimo partido como mordedores, y ya parábamos de contar. El resto de cosas la distraían un ratito, y luego a gatear y a buscar más entretenimiento, hasta que llegó él.

El Nene, como lo llamamos en casa, es un muñeco de peluche que llegó a su vida este verano de manos de la abuela materna. Mi madre. Ella que todo lo piensa y en todo cae, cuando llegamos a Las Palmas, lo tenía ahí, esperándola en su cuna, y en cuanto lo vio fue como un flechazo. Igual.

Pero digamos que la relación que tiene con él ha ido creciendo. La calma cuando llora, la acompaña cuando duerme, le sonríe cada vez que le ve, y ya el colmo fue ayer, en su primer día de guardería.

Cuando elegimos esa y no otra, por razones de enseñanza, valores y espacios, hubo además una señal. Una con ojos azules, pelo y piel blancos, y un sencillo pijama de rayas azules. Sí, el nene estaba allí, en su clase, junto al resto de juguetes. Cuando Jorge y yo lo vimos nos miramos y nos reímos. Se lo comentamos a María, la que iba a ser su profesora, y nos dijimos: “esto debe ser una señal”. Claro que después de ver cinco guarderías en dos días, creo que más bien la señal la estábamos buscando.

Así que Teresa en su primer día de guardería, y ya en brazos de su profesora, al primer llanto que imagino sería de “por qué estoy aquí sin mis padres”, María se lo dio y asunto resuelto, felicidad absoluta, ni una sola lágrima más en todo el día. Y una cara de felicidad cuando la recogimos después de cuatro horas, que no salíamos de nuestro asombro.

El Nene, muñeco en serie de Ikea bajo la denominación de Lekkamrat había ejercido su poder pacificador, en uno de esos días que suelen quedar grabados con lágrimas y mucha pena. Una suerte que le debemos a su abuela, y a la habilidad de estos suecos para hacer cosas que enganchan.

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