El momento de una boca.

Hay labios que desatan un momento íntimo discreto, mi momento.

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Aquí cada una tiene sus momentos, y cada uno, que diría la política de pretenciosa igualdad. «Cá uno» y «cá una» tiene sus momentos. En mi caso, muchos momentos discretamente cálidos surgen de la nada, imprevistos colaterales: las manos de ese tipo que me rozan el brazo en una conversación de miradas directas, la proximidad de aquel muchacho tan guapo en el metro, el rincón oscuro tras la cortina de una pasarela… incluso hay momentos que simplemente agitan la imaginación, los sueños más cálidos que no deseo realizar pero que generan en mí un ardor íntimo y discreto. Me pasa en los aviones, que son como imposibles. Imposibles de realizar, imposibles de disimular si se diera el caso (aunque el cine lo aguante todo). Que tampoco creas que llevada a la realidad y ante una posibilidad real me apetecería demasiado, ahí, en ese baño tan pequeño que resulta tan incómodo como impracticable, con ese olor a químicos y sal tú del baño luego como si nada hubiera pasado y que nadie se de cuenta de lo que ha pasado y luego soporta que el tipo te mire buscando complicidad o te siga por el pasillo de la pasarela como si al final tuviera otra vez alguna posibilidad y posible es posible y altamente probable que no quiera ni volver a verte que se me cae la cara de vergüenza. Y una tiene cierto pudor, pero claro, no es lo mismo el pudor de la realidad que poder cerrar los ojos tras ese antifaz, entrar en la oscuridad y dejarse llevar por la imaginación aparentemente quieta y en absoluto silencio, sin gestos, sin ruiditos. Un momento botox de cuerpo entero. Mis momentos íntimos discretos. De campeona.

Y esos, mis momentos íntimos discretos. son tan míos y tan socorridos que los llevo en el bolso, así, para cuando me apetece. Cierro los ojos, cruzo las piernas y venga a mi la imaginación a bendecirme una vez más. Querida, ¿te apetece en la playa? pues una playa sin las molestias de la arena y las olas de la orilla que nunca llegan o que llegan en el momento perfecto. ¿El baño de los chicos y dos fornidos bomberos / antidisturbios / fontaneros / picapedreros o cualquier profesión que derive en un cuerpo resistente y bien estructurado? Pues vega al fondo a la derecha, queridos, que allí os espero. ¿Un bésame profundo y cálido? … este, este no lo puedo controlar, este me viene así sin más, se despierta de pronto en una conversación, con un amigo de unos amigos estado en la mesa en frente. Selectivamente, por supuesto, que no siempre, que no con todos, ni mucho menos. Pero de vez en cuando encuentro a alguien a quien me apetecería cambiarle el tercio de la conversación sobre la marcha y pedirle dulcemente que se lance con un “bésame profundo y cálido”. Chato.

Es algo que se despierta sobre todo en su boca, los labios, ni muy grandes, ni demasiado pequeños, tiernos, blanditos, ágiles, versátiles, juguetones, húmedos que no mojados, que eso es cosa mía. Unos labios, la comisura de me perdería por ahí hacia tus adentros, la lengua que adivinan… Y como esto me pasa de vez en cuando, y sé que el ataque directo se repele o ahuyenta, en tanto que juego al interesante coqueteo de llévame por donde quieras pero llévame, he desarrollado una gran capacidad de imaginar y asentir, de oir sin escuchar y de estar a lo mío sin que aparente, cruzar las piernas y buscar destino: cocina, cama, sofá; Seychelles, los Alpes, Granada; hotel, casa, la casa de sus padres; y modo: suave, fuerte, arriba, abajo, lento, rápido; y todo el atrezzo disponible, para cada momento.

Encontrarse con la misma boca tres veces y volverse etérea y presente al mismo tiempo es de campeona, y aquí ésta que soy yo, elegantemente pasional pero discreta, es lo más de lo más de las campeonas del mundo dándole salida a la imaginación sin que se note. Varias veces. Con el mismo. Él y su boca, su forma de hablarme profunda y pausada, ese olor ligero y animal. Y una es una campeona del mundo en sentirlo todo sin pasar por nada, porque para eso la entonación es mía y los sueños son míos. Míos, míos. El remate, en casa. Que aquí una tiene sus momentos, unos para comprar verdura y otros para limpiar berenjenas. Y cada uno, digo yo.

Imágenes de la colección de La Perla Fall Winter 2014.

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