Armia Krajowa.

El Levantamiento de Varsovia, una inútil pero heroica reacción a las verdaderas intenciones de Stalin y al previsible reparto bipolar de Europa.

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Es muy frecuente que la Historia sea instrumentalizada por todo tipo de ideologías y, al servicio de intereses políticos, se convierta en la herramienta que satisface las ideas de los gobernantes y las esperanzas de los gobernados. Después del armisticio, en la República Popular de Polonia se escogieron deliberadamente los hechos del pasado de acuerdo con los intereses de aquellos que regían aquel presente gris, una imagen reconstruida en la que abundaban las manchas blancas, hechos históricos manipulados o ignorados porque no cabían en la nueva sociedad.

Desde siempre Polonia ha formado parte del corazón de Europa. Un estado fuerte que finalmente fue desmembrado en el siglo XVIII; no así su sociedad ni su cultura de fuerte arraigo católico, una isla en medio de océanos reformistas y ortodoxos. Debido al Pacto Ribbentrop-Mólotov de agosto de 1939, fue el primer país invadido por los nazis y apenas quince días más tarde por los soviéticos, agresión que obligó al gobierno legítimo polaco a exiliarse en Inglaterra. Sin embargo, este pacto se rompió cuando la Wehrmacht invadió la Unión Soviética apenas dos años más tarde. El Frente del Este fue tan cruento que el elevado número de victimas y el potencial del Ejército Rojo hicieron que la posibilidad de una victoria aliada facilitara la colonización soviética de media Europa, una estrategia del régimen estalinista que cada vez era más evidente para muchos de los países sojuzgados por el Tercer Reich.

Esta es la clave para comprender el Levantamiento de Varsovia de agosto de 1944, una heroica lucha de liberación contra los nacionalsocialistas liderada por la Armia Krajowa, el ejercito territorial polaco convertido en una organización de resistencia armada nacionalista, a medida que el Ejército Rojo se acercaba a la capital desarmando a sus fuerzas y negando la autoridad de sus mandos militares. Resistencia y determinación de un pueblo para expulsar a los nazis y hacerse con el control de la ciudad antes de la llegada de los soviéticos. Sin posibilidad alguna de éxito, esta epopeya terminó con el aplastamiento de los insurgentes por el ejército alemán y la ciudad literalmente reducida a cenizas después de dos meses de bombardeos y combates cuerpo a cuerpo. Mientras tanto los soviéticos, con complicidad homicida, se mantuvieron a las puertas de los suburbios orientales varsovitas esperando, con cínica indiferencia y abandono, a que la ciudad cayera como fruta madura.

La Segunda Guerra Mundial significó para los polacos la esclavitud y el exterminio, además de una existencia secuestrada durante los siguientes cuarenta años. A partir de 1945, mientras vivió el padre Stalin, el Alzamiento de Varsovia fue presentado como una agresión aventurera y criminal contra la Unión Soviética, y a partir de 1956, tras el Discurso Silencioso de Kruchev y el Deshielo de Gomulka, irónicamente silenciada. Desaparecieron de la historia las detenciones masivas, las deportaciones a la URSS, las ejecuciones sumarias, la Masacre de Katyn y el Gulag. La resistencia antisoviética se convirtió de la noche a la mañana en una lucha de facciosos y las víctimas judías lo fueron exclusivamente del fascismo. También la guerra polaco-bolchevique de 1920 desapareció de la Historia.

Sin embargo, ahora sabemos que los viejos comunistas polacos fueron aniquilados en 1938, que a pesar de las promesas democráticas de Stalin, las elecciones de 1947 se manipularon para que ganara el partido comunista pro soviético, que el resto de partidos fueron desapareciendo de la memoria de los polacos, y que, a pesar de todo, la Armia Krajowa continuó luchando en la clandestinidad y sus componentes apresados y ejecutados. Jamás reconocido por la Unión Soviética, el Gobierno polaco en el exilio londinense no se disolvió hasta 1990, cuando delegó formalmente sus responsabilidades en el nuevo gobierno democrático de Lech Walesa.

Un año antes del Alzamiento de Varsovia de 1944, los nazis habían sufrido una suerte de resistencia heroica en el Gueto de Varsovia, lugar que permaneció durante muchos años en el olvido y donde murieron 200.000 personas más que en Hiroshima.

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