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Panis Angelicus, de César Franck.

El Panis Angelicus es uno de los cinco himnos litúrgicos compuestos por Sto. Tomás de Aquino para la fiesta del Corpus Christi.

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Una de las tendencia de la música de finales del siglo XIX se manifestó en la proliferación de sociedades dedicadas al cultivo del oratorio. Los fundadores del movimiento cecilianista en Munich, Passau y Viena fueron músicos vinculados a la Iglesia Católica que perseguían como ideal aquella música que tuviera escaso o ningún acompañamiento, siendo el órgano uno de los pocos instrumentos aceptados como litúrgicamente correctos.

Durante el romanticismo, este movimiento actuó a favor de un resurgimiento del supuesto estilo a capella del siglo XVI, aunque sólo dio lugar a una escasa producción de música nueva.

En 1860 se realizó en Francia el Congreso para la Restauración del canto y de la música de Iglesia, del que surgieron unas cuantas recomendaciones que incluían el uso del canto en todos los oficios, misas y vísperas y su enseñanza en los seminarios. Se permitió que continuara la preferencia por el canto acompañado de órgano, siempre que la armonía fuera diatónica y la melodía estuviese en el registro superior. Ademas, para garantizar el buen uso, y fomentar y apoyar la continuidad de la reforma, el Congreso sugirió poner un inspector en cada diócesis.

Panis Angelicus es uno de los cinco himnos litúrgicos escritos por Santo Tomás de Aquino para la Fiesta de Corpus Christi como parte de la liturgia completa de la Fiesta, incluyendo oraciones para la Misa y la Liturgia de las Horas.

Realmente son las dos últimas estrofas de las siete de las que se compone el himno Sacris Solemniis, que extraídas del conjunto se cantan como antífona. Panis Angelicus fue escrita por César Franck en 1872 como un movimiento de la Messe solennelle à trois voix op. 12.

Panis angelicus
fit panis hominum;
Dat panis coelicus
figuris terminum:
O res mirabilis!
manducat Dominum
Pauper, servus, et humilis.
Te trina Deitas
unaque poscimus:
Sic nos tu visita,
sicut te colimus;
Per tuas semitas
duc nos quo tendimus,
Ad lucem quam inhabitas.
Amen.

El pan angelical
se convierte en pan de los hombres;
El pan del cielo
acaba con las antiguas figuras:
¡Oh, cosa admirable!
se alimentan del Señor
los pobres, los siervos y los humildes.
Te rogamos,
Dios, uno en tres,
que así vengas a nosotros,
como a ti te damos culto.
Por tus caminos
guíanos adonde anhelamos,
A la luz en la que moras.
Amén.

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