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La agria rivalidad de las divas de Handel.

La verdadera fama de Francesca Cuzzoni y a Faustina Bordoni les llegó en 1727, cuando en el transcurso de una función se liaron a tortas.

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El 20 de febrero de 1724 George Friedrich Handel estrenó Giulio Cesare, una ópera recibida con entusiasmo y un reto para el compositor a partir de entonces: el público londinense ya no se conformaría con óperas de inferior nivel. El 31 de octubre de ese mismo año, en la apertura de la sexta temporada de la Royal Academy of Music en el King’s Theater de Haymarket, estrenó Tamerlano, una ópera escrita durante el verano en tan sólo tres semanas. El éxito que obtuvo fue similar al de Giulio Cesare.

Dos años después compuso la ópera Alessandro, con libreto de Paolo Rolli inspirado en La Soberbia de Alessandro de Orentsio Mauro. El argumento gira alrededor de un Alejandro Magno de personalidad trastornada. Crecido por sus victorias y en la creencia de que es hijo de Júpiter, exige a los macedonios que le traten con a un dios. Los capitanes de su ejército preparan una conspiración con la intención de apartarlo de su vanidad y megalomanía. Alessandro no solo es interesante por su trama. Además del castrato Francesco Bernardi, mejor conocido como Senesino, formaban parte del elenco vocal cubriendo los dos roles femeninos la soprano Francesca Cuzzoni y Faustina Bordoni. Si Senesino era el cantante más famoso de la capital, lo mismo cabría decir como mujer de la Cuzzoni. Sin embargo, aquella privilegiada situación le duró poco, pues en mayo de 1726 había llegado a Londres la también soprano italiana Faustina Bordoni, y desde su llegada había atraido todas las miradas.

La prensa la festejaba como la nueva Cuzzoni, lo que desencadenó una legendaria discordia entre las dos divas y sus respectivos egos. Handel, con un enorme olfato para rentabilizar sus espectáculos, aprovechó las desavenencias para contratar a ambas para su Alessandro, lo que aportaría valor añadido a la intriga. Para tratar de hacer más tolerable la situación, el compositor planificó el espectáculo de forma que las llamadas Rival Queens serían tratadas con igualdad, componiendo el mismo número de arias, de duración muy aproximada, para cada una. De nuevo, el éxito de una ópera de Handel obligó al teatro a ampliar el número de funciones inicialmente previstas.

Pero la tensión entre ambas prima donna fue creciendo hasta que acabaron por liarse a tortas en junio de 1727, en plena representación de la ópera Astianatte de Giovanni Bononcini. Mientras la pelea sucedía sobre el escenario, los seguidores de una y otra se enzarzaban en el patio de butacas.

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