Nikola Tesla, vínculos sin hilos.

Todo. Lo que se ha escrito sobre Tesla, sus extravagancias, sus inventos, su genio centroeuropeo es todo lo que se puede escribir.

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Todo. Lo que se ha escrito sobre Tesla, sus extravagancias, sus inventos, su genio centroeuropeo es todo lo que se puede escribir. Y aún así, parece que queda todo por descubrir de este extraño personaje.

Nikola Tesla (1856-1943) era serbio en territorio croata. Cuando él nació, el manto del Imperio Austrohúngaro unificaba esos territorios que recientemente se han mostrado tan violenta y dolorosamente distintos. El fin del siglo agotaba sus segundos en escena mientras el siguiente, el veinte, esperaba en el umbral de la historia, ansioso por entrar y sin saber que, tras esa locura inicial, traería guerras y depresiones al mundo.

Es una incógnita si acabó sus estudios de ingeniería electrónica. Dicen que sí, en Graz, aunque la universidad lo niega. Pero vistos sus resultados, ese es un detalle indiferente.  Es verdad que podemos plantearnos  la obsesión con la titulación homologada que tenemos y a dónde habrían llegado inventores y científicos como Tesla si se les hubiera cerrado el camino por no tener un título oficial. Pero lo dejaré aparcado a un lado.

Tesla fue el inventor estafado por Edison. La famosísima “broma nortemericana” que Edison puso como excusa para no cumplir lo pactado y no pagarle la enorme suma de dinero acordada por sus avances es una de las anécdotas más sonadas de la historia de la ciencia. No fue un impedimento para Nikola, a quien no se le caían los anillos por trabajar en una obra o donde hiciera falta para ahorrar.

Me imagino al serbio llegar al Nueva York de fin de siglo y pagar la novatada. Te encuentras con un empresario y científico que te valora y apuesta por ti, y confías. No sé si yo habría vuelto a hacerlo después de la experiencia, pero Tesla lo hizo. Primero montó su propia empresa, pero los accionistas principales y él no se pusieron de acuerdo y le echaron. ¡De su propia empresa! Pero no se dejó amilanar y siguió confiando: firmó un contrato con Westinghouse. Esta vez funcionó.

Sus avances son innumerables y se centraron en la transmisión de energía eléctrica inalámbrica , la radio, la lámpara fluorescente, la corriente alterna, la bobina Tesla, un generador de rayos X con un solo electrodo, y muchos más. Las fotos de Tesla en su laboratorio leyendo mientras sobrevuelan rayos de energía eléctrica por encima de su cabeza me recuerdan a las películas de terror en blanco y negro sobre el personaje de Frankestein.

Este hombre tan tenaz  con fama de extravagante y con una personalidad atípica no era asocial. Al revés, contaba con ilustres personajes entre sus amigos. Y creo que el padrino de Tesla en este sentido tiene nombre y apellidos: Mark Twain, su amigo.

El escritor había fundado con una decena de amigos un club elitista en Manhattan: el Players Club.  Cuando conoció a Tesla no dudó un momento y le introdujo en su círculo. Allí el serbio conoció a poetas como Robert Underwood Johnson que le dedicaron sus versos, a arquitectos con vidas tormentosas, actores, banqueros y a lo más granado de la intelectualidad del cambio de siglo en la capital de la modernidad, Nueva York.

Fue Stanford White quien reconstruyó el local. White  fue el responsable de la construcción de innumerables rascacielos de Nueva York como el Madison Square Garden, el Arco de Washington Square, los clubes Metropolitan y Colony y los palacetes de los Vanderbilt y los Pulitzer en la Quinta Avenida.

El conocido como “el Michaelangelo de Nueva York” se hizo amigo de Tesla y se encargó del diseño de su laboratorio y de la torre experimental que transmitía energía eléctrica sin hilos en Long Island, la famosa Torre Wardenclyffe. Murió asesinado por un multimillonario celoso en el tejado del Madison Square Garden.

Tesla también era un asiduo invitado a las fiestas del artista Robert Reid, en las que conoció a Rudyard Kipling y Theodore Roosevelt.

La falta de financiación arruinó la supervivencia de su laboratorio en la Torre Wardenclyffe. Sus documentos fueron requisados a su muerte. Sus últimas investigaciones eran materia reservada.

Tesla nunca llegó a recibir el Premio Nobel. Aunque fue anunciada su concesión en 1915 conjuntamente con Edison, el estafador del “humor estadounidense”, no fue posible. Edison se dedicó a minimizar los logros de Tesla tratando de destacar los peligros de la electricidad. Y así fue como Edison financió la invención de la silla eléctrica, siniestro instrumento creado por no menos siniestros motivos.

Dicen los documentos que la muerte de Mark Twain, un verdadero amigo a pesar de la distancia, le afectó profundamente. Años después, estando al borde de la muerte él mismo, según afirmó, vio a Mark, sentado en una silla de su habitación. Charlaron de sus cosas, se rieron como siempre, compartieron sus inquietudes como solían. Alucinaciones o realidad debió reconfortarle, en ese momento de tránsito tan terrible, ese rato con una de las personas que mejor supo comprender su genio y su alma.

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