Trótula de Salerno

La primera mujer médico de la historia occidental.

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Mujer, catedrática de medicina, esposa, madre de dos hijos, investigadora con publicaciones científicas, pero ¿de qué siglo hablamos? ¿del XX? ¿del XXI? No. Hablamos de la Edad Media. No está claro si nuestra protagonista, Trótula, o Trota, vivió en el siglo XI o en el XII, pero sí se sabe que fue una pionera casi ignorada de la inclusión de la mujer en el mundo de la ciencia.

En lo que también hay consenso es en que vivió en Salerno y que es considerada una de las llamadas Damas de Salerno. Trótula, en concreto, pertenecía a la Escuela de Medicina de esta ciudad en la que funcionaba, allá por la Edad Media, la primera escuela de medicina laica, al margen de los médicos asociados a la Iglesia. Ya solamente por eso era original.

¿Su especialidad? La mujer: ginecología y obstetricia. Quienes estén imaginando la típica matrona de toda la vida tienen que saber que se equivocan. La prueba está en sus publicaciones, principalmente De pasionibus mulierum curandorum, más conocido como Trótula Maior, aunque ella solamente escribió alguno de los libros de lo que fue, hasta varios siglos después, una enciclopedia médica que se estudiaba en las principales escuelas de medicina de Europa.

La modernidad de sus consejos y su visión de la medicina femenina reside en que se trata de ideas tan sensatas, tan exentas de prejuicios, que podrían provenir de cualquier médico de cabecera de cualquier pueblo en nuestros días. Las normas de higiene, la recomendación de llevar una dieta equilibrada, hacer ejercicio, y cuidarse, son algunas de ellas. Más importante me parece su insistencia en que los médicos de las mujeres tenían que ser otras mujeres porque los hombres desconocían el cuerpo femenino y por la especial relación médico-paciente en la que debía, a su juicio, reinar la empatía. Trótula enseñaba a las mujeres que no están enfermas cuando tienen la menstruación ni contagian ningún mal en esos días.

Claro que posteriormente se ha intentado silenciar las aportaciones de esta fantástica mujer y que esos intentos tuvieron éxito durante siglos. Por suerte para todos, la ciencia médica ha recuperado su memoria, y rehabilitado los avances de quien puede considerarse, sin duda, la primera mujer médico de la historia occidental.

La visión de la mujer histérica, incontrolable, sucia y atada a un cuerpo que le impedía trabajar en igualdad de condiciones que los hombres, sorprendentemente, se solidificó a medida que llegaba la modernidad y se conservó hasta casi el siglo XX. El éxito de Trótula en una época tan temprana lleva a pensar si es más fácil romper los prejuicios con hechos que cambiar las leyes que discriminan. La influencia de grupos de poder como la Iglesia o las universidades también tuvieron su papel protagonista en la regresión que sucedió a los días de Trótula y la Escuela de Salerno. La lección para mujeres y hombres es que obras son amores, y los prejuicios se borran con grandes dosis de realidad y resultados reales. Las leyes llegan después, al postre.

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