Franz Joseph Gall y el espejo del alma criminal.

Hablar de Gall, padre de la frenología, es adentrarse en las arenas movedizas de la frontera de la ciencia...

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Hablar de Gall, padre de la frenología, es adentrarse en las arenas movedizas de la frontera de la ciencia. Pero si el camino del hombre está compuesto por ensayos y errores, y también en el camino del descubrimiento científico, sería injusto no acercarnos a los errores como parte de lo que hacemos, de lo que somos.

Porque Franz Joseph Gall (1758-1828) ha recibido el rechazo de los científicos de su época y de la posteridad, a pesar de que también es un peldaño en la búsqueda de la verdad. Nacido en Baden (Alemania), estudió medicina y se especializó en la fisiología de la cabeza, no solamente del cráneo, sino también de la cara. Él defendía que la forma de la cara y del cráneo era determinante a la hora de explicar las tendencias irracionales de dementes y delincuentes. ¡Qué barbaridad! pensarán algunos, pero ¿quién no ha sentido un escalofrío al mirar a los ojos a personas con auténtica cara de criminal o quién no se ha dejado engañar por alguna “carita de ángel”?

Gall tuvo de todo: un colaborador que se independizó y al que acusó de plagio, muchos detractores, muchos fans, influyó le pese a quien le pese en la aparición de la psicología, muchos otros autores llegaron a buen puerto tratando de enmendarle la plana. Pero donde hizo más mella fue en el incipiente mundo de la criminología del siglo XIX.

Las dos escuelas de referencia de entonces eran la Escuela de Lyon, liderada por Lacassagne y la Escuela Italiana encabezada por Lombroso. Fue más importante la francesa, entre otras cosas porque Gall, después de un periplo europeo decidió asentarse en tierras galas y se casó con una francesa. Gall ya había observado cuando estudiaba en la universidad que los alumnos con mejores expedientes tenían unos rasgos físicos comunes (ojos prominentes, por ejemplo). A partir de ahí, trabajó en un psiquiátrico para adentrarse en las regularidades fisiológicas de las mentes enfermas y tratar de diagnosticar observando la forma de la cabeza y la cara de las personas. Lacassagne añadió muchos más estudios a la frenología de Gall. No en vano se le considera el padre de la jurisprudencia médica y de la antropología criminal. Era experto en toxicología, análisis de balas de armas de fuego y analista de la sangre como dato en una investigación criminal.

Siguiendo la teoría de localizaciones cerebrales de Gall, Lacassagne divide el cerebro en tres zonas, la zona occipital, donde residen los instintos animales, la zona parietal, dedicada a las actividades sociales, y la zona frontal, asiento de las facultades superiores. Para él, la sociedad también podía dividirse de acuerdo a estas zonas, y de esta forma se generaban tres tipos de criminales: delincuentes racionales, delincuentes activos o de la acción y criminales sentimentales o instintivos. Lacassagne fue un reputado investigador que participó en la resolución del asesinado de Sadi Carnot y en el prendimiento de Vacher, uno de los asesinos en serie más importantes de Francia.

Leer las discusiones de Lombroso y Lacassagne y sus seguidores me lleva a plantearme si no habrá un buen guionista de televisión que escriba una serie de televisión acerca de estos personajes y que barra a Mentes Criminales, Sherlok Holmes o C.S. I.

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