Peter Brook, el Princesa de Asturias que ha revolucionado el teatro contemporáneo.

El director de teatro, dramaturgo y escritor británico Peter Brook acaba de ser galardonado con el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2019.

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Dibujar la trayectoria completa de Peter Brook es labor que da para un libro entero. Eso sí, podemos hacer un boceto de la misma. Pero antes es casi obligación parafrasear al jurado del Premio Princesa de Asturias de las Artes 2019 que ha acordado conceder dicho premio al dramaturgo británico por ser “uno de los grandes renovadores de las artes escénicas, con montajes de alto compromiso estético y social” y abrir “nuevos horizontes a la dramaturgia contemporánea”.

Peter Brook vive en París desde 1971. Fue allí, en ese mismo año, cuando fundó el Centro Internacional de Investigación Teatral —hoy Centro Internacional de Creaciones Teatrales— del que sigue siendo director a sus 94 años. También dirigió, entre 1974 y 2010, el teatro Les Bouffes du Nord donde puso en práctica sus investigaciones dramáticas. Antes de todo esto se graduó en Arte en el Magdalen College de Oxford. A los 20 años ya había realizado montajes del calibre de La máquina infernal (1945) de Jean Cocteau, King John (1945) de Shakespeare y Vicious circle (1946) de Jean Paul Sartre. Poco después se puso al frente de la Royal Opera House de Londres y ya en 1962 entró en la Royal Shakespeare Company.

A partir de ahí, su interés por descubrir y experimentar le lleva a recorrer el mundo, a explorar las raíces del teatro asiático y africano, abriendo al mundo un innovador concepto de mestizaje teatral. Con la sencillez por bandera y la búsqueda constante de la fusión del cuerpo y la mente, Brook es el arquitecto de una nueva escena, donde el andamiaje se nutre de la depuración y el minimalismo. Se aparta de los referentes europeos —aunque jamás abandona a Shakespeare—, muestra una escena sobria, sin decorados y pocos accesorios. De todo ese mélange cultural surge Mahabharata, la superproducción cuya construcción le llevó una década y puso en órbita definitivamente su manera de hacer y entender el teatro.

Claro que todo esto ya lo fue apuntando en el ensayo que hoy se considera la clave del teatro contemporáneo: El espacio vacío (1968). En él Peter Brook recoge gran parte de sus reflexiones sobre el teatro experimental. Pero, como indica Marcos Ordoñez en el prólogo, no se trata de “un texto sobre esencialismos escenográficos o, peor todavía, un tratado abstruso y teórico sobre teatro”, sino “uno de los más claros, más sabios y más influyentes que jamás se hayan escrito”.

Brook es, además, autor de otros libros de crítica teatral traducidos a varios idiomas. Entre ellos, uno de memorias titulado Threads of Time (en español Hilos de Tiempo, 2000), en el que rescata sus pensamientos, viajes y periplos por los teatros del mundo, sus propias producciones o sus maestros, Jane Heap o Gurdjieff.

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