Leonardo Padura y el exilio cubano como polvo en el viento.

Leonardo Padura narra en 'Como polvo en el viento' la historia de un grupo de amigos que ha sobrevivido a un destino de exilio y dispersión.

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Dice Leonardo Padura que si él pudiera explicar “qué cosa es Cuba”, estaría muy satisfecho de sí mismo. Y es que, como también afirma el Princesa de Asturias de las Letras 2015, todos los cubanos tienen una historia de exilio. También quienes no se han ido de la hermosa isla: un hermano, un tío, un primo, un hijo, un amigo… Siempre hay alguien que se ha marchado y, siempre, el que se queda va sumando una serie de sensaciones que produce (casi) la certeza de la soledad. El exilio ha sido (y es) una constante en la trayectoria del pueblo cubano durante el último siglo y siempre es dramático. Por ello, “hay tantos cubanos que viven fuera de Cuba y que, sin embargo, siguen viviendo en Cuba”.

Lo jodido de irse de Cuba es que ni yéndote de Cuba, te vas de Cuba”. Y de eso, de irse, de quedarse y de todo lo contrario trata su última novela. Como polvo en el viento —que durante un tiempo mantuvo el título de El clan disperso— cuenta cómo en un momento determinado de la historia cubana del siglo XX en que la crisis económica arrasó con todo, “también faltó la utopía”.

Aunque él lo cuenta siempre desde su isla, desde su poderoso arraigo personal, no es la primera vez que Leonardo Padura se enfrenta al exilio literario. Ya lo hizo antes en La novela de mi vida, a través de la experiencia del poeta cubano José María Heredia. También se le aproximó en El hombre que amaba a los perros (2009), aquella belleza de obra sobre el exilio y asesinato de León Trotsky en Cuba, que lo consagró definitivamente como el gran narrador que es.

De abrirle las puertas del éxito y el reconocimiento internacional se encargó previamente su detective Mario Conde, tal vez su creación literaria más célebre, que estrenó en 1991 con Pasado perfecto la tetralogía de Las cuatro estaciones (Vientos de cuaresma, Máscaras, Paisaje de otoño) y cuyo fututo se extiende hasta el 2018 en La transparencia del tiempo.

En Como polvo en el viento (2020), Padura retoma los periplos del éxodo cubano, ambientado en el llamado periodo especial y la correspondiente crisis económica que tuvo lugar en la isla caribeña entre 1991 —cuando el colapso de la URSS posterior a la caída del muro de Berlín— y 2007. Por sus páginas, aparte de La Habana, desfilan ciudades como Miami, Madrid, Buenos Aires, San Juan (Puerto Rico) o Barcelona, donde algunos de aquellos doce jóvenes que constituían el Clan recosieron sus jirones.

Por las ventanas del desarraigo se filtra la potente luz cubana, el poder del amor, los viejos recuerdos. La persistencia de la memoria (como relojes dalinianos reblandecidos por el paso del tiempo) sigue marcando las horas. Por ejemplo, la de una tarde del 21 de enero de 1990. El día que Clara Chaple celebraba su 30 cumpleaños y que —nadie lo sabía entonces— iba a ser del fin del Clan. El día en que se “empezó a quebrar todo lo que parecía sólido”. Pero para llegar a ese momento es necesario viajar hasta 2016. Porque es así como funciona la trama: a saltos entre el pasado y el presente y no necesariamente en orden cronológico.

Padura explica Cuba y su realidad, su diáspora y sus circunstancias sociales. Lo hace a través de las diferentes voces (y diferentes planos temporales) que formaron parte de aquel grupo que nació en 1981. Cada uno de ellos vive el proceso de desintegración como una metáfora de las motivaciones del éxodo o las razones de quienes deciden lo contrario y el escritor lo expone sin juzgar ni a unos ni a otros. Pero no sólo hay exilio y sueños rotos, también hay pertenencia, amor y amistad, lazos indestructibles pese a la distancia. No falta el misterio, en este caso el presunto suicidio de uno de los miembros del grupo, y traición: el detonante de la debacle.

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