Ángela Becerra recupera la historia de Betsabé Espinel.

En 1920, Betsabé Espinel protagonizó la primera huelga de mujeres en América Latina. Este dato proporcionó a Ángela Becerra el argumento de su novela 'Algún día, hoy'.

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Ángela Becerra descubrió la existencia de Betsabé Espinel gracias al insomnio y un documental de la televisión colombiana. La escritora, en plena noche cartaginense, zapeaba contra el calor y el aburrimiento cuando saltó en la pantalla el nombre de la iba a ser la protagonista de una de sus novelas. Lo que no supo entonces es que la obra le iba a llevar seis largos años de investigación y trabajo. Tampoco podía imaginar que el fruto de aquel esfuerzo se iba a convertir en el Premio de Novela Fernando Lara 2019.

Sólo alcanzó a ver el final del reportaje. Más que suficiente para que su cerebro de escritora pergeñara el primer boceto de una historia apasionante cuya ausencia de datos concretos le iba permitir ficcionar al personaje sin restarle un ápice de verdad ni modificar la autenticidad de los hechos efectivamente ocurridos.

Era 1920. Betsabé Espinel tenía tan solo 23 años y bastante experiencia en privaciones, pobreza y escarnio. La misma que en dignidad, autoestima y fortaleza. Trabajaba en el aquel tiempo en una fábrica textil de la ciudad colombiana de Bello. Las condiciones laborales eran indignas e insalubres. Pero no era aquello lo peor, sino los abusos a los que los capataces sometían a las hilanderas. Así que se plantó. Se subió a una banqueta y, sin sopesar el alcance de su rebelión, se convirtió en la promotora de la primera huelga femenina en Latinoamérica.

A partir de este dato, Ángela Becerra comenzó a entonar la melodía de Algún día, hoy, a sabiendas de que la composición no iba a ser en absoluto sencilla. No he elegido al azar el término “melodía” para describir la prosa de Becerra. Al contrario, pues es música el sonido que impregna cada página, cada frase; una nota cada palabra. Sus letras cantan como si compusiera un extenso poema salpicado de magia. Sí, porque también se respira a bocanadas ese realismo mágico con el que ya hace tiempo Gabo nos intoxicó de manera irreversible. Igual es cosa de Colombia…, no sé.

Sí es obvio que para sucumbir ante la belleza (y la riqueza) lingüística de la autora basta la primera frase —“El cielo había decidido vengarse del silencio”— o cualquier otra aleatoria: pasos que susurran sobre el suelo; sillones desmadejados de cansancio; el sabor intenso de la tierra, ese gusto amargo y dulce que también sabe a soledad y a intimidad. No en vano, Ángela Becerra empezó su carrera literaria como poeta. Alma abierta fue su primera publicación, un poemario de efecto balsámico en el que ya apuntaba una facilidad asombrosa para transmitir la emoción.

Volviendo a Betsabé Espinal y a su azarosa vida, Becerra aprovecha para componer una bella sinfonía épica a la amistad sin límites, a la valentía, a la supervivencia y la lucha frente a los prejuicios de clase y de género. Un canto a la libertad protagonizado por también por la “pobre niña rica” —Capitolina, la amiga incondicional, la hermana de leche de Betsabé— que también pelea por sacudirse todos los prejuicios que le oprimen pese a su posición social y económica.

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El Premio de Novela Fernando Lara se concede en España —desde 1996— por la Fundación José Manuel Lara y la Editorial Planeta a una novela inédita en castellano. El fallo de la edición 2020, previsto para mayo y con el patrocinio de la Fundación AXA, se pospuso hasta el próximo septiembre debido a la pandemia. El Jurado de esta XXV edición está compuesto por Fernando Delgado, Pere Gimferrer, Ana María Ruiz-Tagle, Clara Sánchez y Emili Rosales, que actuará como secretario con voto.

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