Junio ardiente (1898). Frederic Leighton

El barón Frederic Leighton muestra a la bella joven June, adormecida como una ninfa sobre uno de sus brazos, pero ardiente sin lugar a dudas.

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Ardiente. Así recuerdo el mes de junio. Cuando los abrigos, jerseys y ropa de lana desaparecen de los armarios. Cuando escolares y estudiantes apuran sus últimos días, los peores, para empezar las vacaciones. Junio ardiente de juegos en el patio.
Bien diferente de la imagen de la bella joven June, junio también, adormecida como una ninfa sobre uno de sus brazos, recostada encima de un mármol, pero ardiente sin lugar a dudas, que nos muestra el barón Frederic Leighton.
Fue, dicen los entendidos, una de sus obras más representativas. A mí me seduce el color canela a juego con la melena cobriza, del tul que cubre su carne que siestea, la expresión de su rostro y la naturalidad de las curvas del cuerpo de mujer. Al parecer Leighton decidió pintar primero el cuerpo desnudo y luego “vestirlo” sobre el lienzo para no perder la esencia del cuerpo humano tal cual es.
Todo son curiosidades alrededor del autor y de la obra.
Frederic Leighton, un personaje relevante del mundo artístico de la Inglaterra victoriana, formado en el University College de Londres, más adelante en Florencia y París, donde conoció a Ingres y Delacroix, y que llegó a ser presidente de la Academia de las Artes de su país, también fue coronel y mandó desde su inicio el destacamento conocido como “The Artist Rifles”. Hijo de una familia de comerciantes dedicados a la importación y exportación, fue nombrado “baronet” y tras muchos años se le concedió el Par, patente que le permitiría ser nombrado barón. Su nombramiento nobiliario fue publicado el día antes de su muerte y, al no tener descendencia no pudo ser heredado por nadie, y el Par tuvo una validez de un día, de manera que es el menos duradero de la historia.
Por otro lado, el cuadro de Junio ardiente, en su siesta ocasional, fue comprado por el empresario y político de Puerto Rico Luis A. Ferré en el año 1963, cuando visitaba galerías en Amsterdam para nutrir el Museo de Arte de Ponce. Estaba arrumbado en una pequeña galería donde nadie lo supo apreciar por ser demasiado “desfasado”. Ponce lo adquirió por mil dólares, y aún se exhibe en dicho museo.
Viajó a Museo del Prado en el año 2008 y a la Staatsgalerie Stuttgart en el año 2009.
Nunca pensó el galerista holandés que vendía tan barato una de las mejores obras del Barón Leighton. Al parecer en origen June estaba destinada a ser pintada en un mural del cuarto de baño, como parte de otra obra de Leighton. Pero el barón quedó encandilado de su prpopia obra y decidió pintarla a ella sola en un lienzo propio.

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Arte Humano

Detrás de cada cuadro hay una mirada, un detalle, un relato interesante, una leyenda curiosa que nos acerca al arte, al artista y a la historia. De la mano de María Blanco.

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