Cocina callejera de fusión con el contrapunto de la vanguardia gastronómica Las cocinas de medio mundo se unen en Pink Monkey.

Cocina asiática callejera, fusionada con la mejicana y la peruana, pródiga en notas picantes

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Atentos. Este no es otro de tantos. Me tomo la licencia de parafrasear el título de una conocida película americana para decir que este no es otro estúpido local de moda, de gente guapa y de decoración rústico-industrial-vintage que encontramos en la mayoría de las aperturas que se corresponden con esta descripción. Bien es cierto que aquí frecuentan caras amables, gente joven con ganas de probar nuevos sabores –y alguna que otra para dejarse ver- y su interiorismo comparte la estética de algún que otro restaurante vecino. Pero lo que prima por encima de todo es el placer sensorial y electrizante que la cocina del chef Jaime Renedo expone abiertamente al público en este coqueto local de la calle Monte Esquinza de Madrid.

Estamos en Pink Monkey y bajo el epígrafe de “Asian craft food” los empresarios que hace años inauguraron Asiana y Asiana Next Door ofrecen una nueva cocina global, con base asiática, que recorre todas las cocinas del mundo: desde la mejicana hasta la peruana, pasando por Vietnam, Tailandia, Indoneisa y China. Experimenta con todo tipo de sabores sin dejar de lado el de nuestra cocina base, la mediterránea, intrínseca en buena parte de los platos.

Sin lugar a dudas, lo que en Pink Monkey predomina es el original contraste de sabores: picantes, fuertes, ácidos, agridulces… una explosión en cada una de la veintena de platos ofrecidos aquí. Por ello hay que especificar bien el punto del picante antes de comenzar con este recorrido tricontinental gastronómico.

En la carta encontramos reinvenciones de hits asiáticos como la pasta de arroz (con langostinos y curry de chipotle) o el curry verde thai, de carrillera ibérica, sin apenas grasa dada la cocción al vacío. También ofrecen interpretaciones muy personales de platos que ya conocemos como el ceviche de pez limón, que aquí se elabora con ingredientes de mexicanos, como el jalapeño y habanero, y técnicas asiáticas como el Nam Jim.

Además, se suman a la moda del bocadillo o mollete chino de los baos, ofreciendo aquí el de panceta de cerdo o el bao de pato Pekín, con salsa de ciruelas, tierno, ligeramente especiado y lleno de sabor. Los huevos rotos con atún rojo y cebolla china es otra de sus propuestas diferenciales. Aunque antes me decantaría por el satay balinés de pollo acompañado por una salsa a base de coco, chile y lima. Entre sus platos estrella también destaca el momo de cerdo con ají panca y la fideuá de carabineros, chipirones y alioli de rocoto.

La oferta es tan diversa como el número de ingredientes que utilizan para elaborar su carta, corta, pero suficiente para introducirse en un mundo de sabores exóticos, diferentes y muy particulares. Conviene reservar, pues los fines de semana están copados hasta finalizar el mes –y parte del que viene.

Por cierto, el nombre de Pink Monkey guarda una divertida historia que Francois Poplawsky seguro compartirá mientras recomienda alguno de los cócteles que sugieren en la carta para maridar la cena, elaborados con las mismas especias que utilizan en cocina.

Localización

Calle del Monte Esquinza, 15, 28010 Madrid

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