Vampiros.

Érase una vez un cuento de domingo de vampiros, calabazas, arañas y otras criaturas de Halloween.

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Truco o trato. Susto o muerte.

Halloween siempre le había parecido un esperpento de la vida, si Valle-Inclán hubiese vivido en el tiempo en el que el tiempo de difuntos y de todos los santos se tiñe de fiesta y miedo al más puro estilo americano, sin duda hubiera podido escribir otro Martes de Carnaval y otras Luces de Bohemia, un esperpento más, esta vez, de la misma vida en su coqueteo con el más allá.

Era un domingo extraño, demasiado cálido y demasiado luminoso para ser de fin de octubre, era bello y alegre y contrastaba con los grandes escaparates llenos de telas de araña, de brujas feas, vampiros más feos todavía, calderos, velas, arañas, calabazas… –¡Truco o trato!– Al oír aquel grito su cabeza respondía con un susto o muerte repetido cuyo eco no terminaba nunca.

Entró en el parque sabiendo que estaría lleno de murciélagos, vampiros, brujas, zombies , arañas y otros bichos; los niños correteaban de un lado a otro con sus disfraces, haciendo volar sus capas y asustándose los unos a los otros; era un estampa extraña porque el otoño parecía no querer sumarse a la fiesta y en lugar de regalar a los niños un domingo tan gris como el propio Halloween, había puesto al sol a brillar en lo más alto del cielo.

Se fijó en la función de marionetas y vio como también ellas se habían rendido a Halloween; se quedó a verlas un rato y acabó alejándose con paso lento, trató de observar aquella mañana de domingo con otros ojos, entendía la diversión y el juego, pero se le escapaba la atracción que lo feo y lo oscuro parecía ejercer sobre la gente.

Una araña en el suelo, una calabaza con rostro enfadado y ardiendo por dentro, un niño con sangre pintada en la cara, unos dientes de plástico y vampiro, una capa que le llegaba a los pies –¡truco a trato!– gritó –¡susto o muerte!– oyó ella… Y decidió marcharse de vuelta a casa, ni tan siquiera la belleza del parque en un domingo luminso de otoño compensaba tanto truco y tanto trato, tanto susto y tanta muerte, tantos vampiros…

Ya en casa, acomodada en el sofá y acompañada del periódico del día siguió pensado en Halloween… y siguió sin entender la atracción que lo feo y lo oscuro, lo tétrico, el terror y el miedo ejercía sobre la gente… ¿dónde quedaba entonces la belleza?.

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