Poesía.

Érase una vez un domingo de primavera y de Madrid, de sol y de libros, de calamares y también de poesía.

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Buáh!– voceó un mocoso que no debía tener más de 10 años Cuesta de Moyano arriba –¡un libro de poesía! ¡la muy idiota quiere un libro de poesía!-. La muy idiota era su hermana, una niña que le sacaba media cabeza y estaba encantada con eso de que la mascarilla fuese obligatoria por una única razón: así nadie podía ver el espantoso grano que le estaba saliendo junto a la nariz, cosas de la adolescencia… –no se puede ser más lerdo– dijo para sí, su mascarilla y el cuello de su camisa mientras miraba con desdén a su hermano, todo desparpajo él.

Hacía sol, los más pequeños correteaban por la calle y los mayores paseaban disfrutando de las primeras horas de la primavera, ella rondaba por los puestos de libros de la Cuesta de Moyano con un ojo puesto en la adolescente que amaba la poesía y otro en el pequeño incauto que todavía miraba los libros con desprecio… salvo que fuesen cómics; sonrió para sí cuando lo vió entretenerse con unas ediciones antiguas de Mortadelo y Filemón y sonrió todavía más cuando vio que el librero, atento a todos los movimientos que hacían sus visitantes, plantó un par de cómics de Tintín junto a Mortadelo… –¡mamáaa!– la llamó el que no podía ser más lerdo mientras la muy idiota le pedía que no gritara.

Cómics para uno, poesía para otra y aperitivo para todos –¡no!– gritaron a dúo los dos niños cada uno con su bolsa de libros bien sujeta –¡bocata de calamares!-. Esa era una de las pocas cosas en las que siempre estaban deacuerdo, el paseo domiguero por la Cuesta de Moyano tenía que acabar en un Brillante bocata de calamares por mucho que estuviesen en Cuaresma y ella se muriese por unas ricas torrijas

Sólo el rato que necesitó cada uno de sus retoños para rumiar sus calamares tuvo ella un poco de paz, después empezaron de nuevo las quejas y las peleas, los dardos envenenados y la guerrilla callejera en modo preadolescente -¡alto!- gritó cuando decidió cortar en seco aquella conversación venida a menos -a ver ¿qué os pasa?- de nuevo el caos, ambos a la vez a voz en grito dando su versión de los hechos… pero aun entre las voces perdidas y triunfantes de sí misma logró atisvar una grieta por la que colarse y demostrarle a uno y a la otra que ni el uno era lerdo ni la otra idiota.

Veamos– dijo –a ti no te gusta la poesía y a ti te apasiona pero… ¿sabéis qué es la poesía?– el pequeño respondió al vuelo, solo medio segundo antes que su hermana –¡una chorrada!– dijo, pero antes de que acabara de resonar la última sílaba de su frase su hermana ya había emulado a Bécquer¡poesía eres tú!-.

A ver, mamá, tú que eres tan lista– se atrevió a retarla el amante de los cómics -¿qué es la poesía?-; ella sonrió tras su mascarilla, ya los tenía donde quería: –verás, querido- dijo –la verdad es que no debo ser tan lista porque no sé bien qué responderte– la muy idiota a punto estuvo de soltar un exabrupto pero bastó una mirada de su madre para que se lo ahorrara –lo que sí puedo decirte es lo que respondieron a esa pregunta algunos tipos listos, por ejemplo, Lorca decía que poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio; Tagore, un filósofo indio muy importante, decía que la poesía es el eco de la melodía del universo en el corazón de los humanos; había un poeta inglés muy importante, Shelley se llamaba, que decía que lala poesía es un recuerdo de los mejores y más felices momentos de los mejores y más felices ingenios; luego estaba Einstein, que decía que la poesía siempre le pareció una gran pérdida de tiempo o Coteau, que afirmaba que sabía que la poesía es indispensable aunque no sabría decir para qué.

Dejó que sus dos retoños se amarraran cada uno a la frase que más le convenía y discutieran un poco más acerca de la poesía y cuando estaban ya llegando a casa fue ella quien recordó a Bécquer: no digáis que, agotado su tesoro, de asuntos falta, enmudeció la lira: podrá no haber poetas pero siempre habrá poesía. La muy idiota, amante de la poesía, y el lerdo, que la detestaba, se mostraron entonces deacuerdo -¿si no hay poetas cómo va a haber poesía? ¡imposible!-.

¡Vaya! fingió sorprenderse –tanto hablar de poesía y todavía no sabéis lo que es…la jovenzuela amante de la poesía sonrió claro que sídijoyo lo sé, poesía eres tú…-.

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Cuento publicado el domigno 21 de marzo: Día Mundial de la Poesía (UNESCO).

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