Cosas.

La ruta de las especias. Y Uluwatu, Okinawa, Waikiki, Malibú, Cái. Y una infinita colección de sueños.

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A excepción de dos Dockers que compré el invierno pasado y que apenas uso, visto siempre de vaqueros, azules, más o menos lavados, más o menos nuevos, más o menos oscuros, Levi’s todos. Y un G-Star de bolsillos caídos pero justos. Tengo en el armario una variedad de chaquetas azules, negras, marrones, beige, que combinan con todo y que uso a diario porque  las americanas, los blazers, son a mi gusto las prendas de vestir más cómodas y elegantes en cualquier situación. Para combinar tengo una colección de camisas de Carolina Herrera que he ido haciendo con el tiempo. Son de CH porque me apasionan los detalles en hilo rojo de los hojales, de los remates, y porque en rebajas siempre tienen de mi talla, una 16’5, al 60%. De estas he ido acopiando bastantes colores, desde los clásicos rojo, negro, azul marino hasta un par de variedades de verdes, otro de morados, blancas, todas en tela de invierno y de verano. Incluso una gris con el interior de los cuellos en una tela similar a mantel de pic nic. Para el juego completo, guardo en una balda de armario varios jerseys finos y todos de cuello de pico, de Massimo Dutti, azul oscuro, azul claro, marrón, morado, verde y uno blanco que habré utilizado tres veces. Uso siempre un estilo de zapato negro que hace tiempo era Martinelli y hoy son un modelo que ya no existe aunque Gusto by Colomer ha sacado unos que me gustan aún más. Y unos castellanos marrones. Tengo una cada vez más grande colección de fulares, pañuelos y bufandas para el cuello, la mayoría son regalos de esos que te duran una vida porque no los acabas de gastar. Tengo un abrigo azul clásico largo, una chaqueta G-Star azul que me compré el invierno pasado y un tres cuartos de cuero que me regaló mi padre hace diez años y que el año pasado tuve que arreglar, cambiar el forro y encerar, pero que sigue siendo mi abrigo favorito.

Y con todas estas cosas se compone un ser de invierno y de noches distinto del otro que se encuentra en paz con los pies en el agua al sol de un mediodía en Cádiz, al que le bastan sus tres bañadores, el par de licras, el neopreno, los dos pares de chanclas, unas alpargatas de El Natura Lista y una colección de camisetas prototipos casi todas de the Yeeeha surf company. Y una mini-malibú de 7’7 pies y un long de 9, su Vespa px200, y la máquina de escribir, la de coser y el Sagrado Corazón que me dejó mi abuela, la colección completa del Esquire español o uno nuevo cada mes y entre estas estanterías y un almacén, una demediada colección de libros.

Y la ruta de las especias. Y Uluwatu, Okinawa, Waikiki, Malibú, Cái. Y una infinita colección de sueños.

Life looks good.

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