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Querido Carl-Gustaf Jahnsson, aquí un admirador, un amigo.

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Llegaron en dos pequeñas cajas  (referencia artículo: 800.917.65 )  de 14 centímetros de ancho, 24 centímetros de alto y 7 centímetros de fondo, cada una de un kilogramo y doscientos gramos. En su embalaje de un sencillo cartón se ordenaban perfectamente veinticuatro piezas en grupos de seis, de cucharas, cuchillos, tenedores y cucharillas de acero inoxidable. Y se quedaron.

Fueron elegidos en un rápido proceso de eliminación, no por su belleza o su funcionalidad, su ergonomía o su decoración, simplemente eran lo más aceptable entre aquellos destinados por su precio de 19’99 € /ud a cumplir diariamente y no a lucir mesas protocolarias. Y me han acompañado inmutables cuatro años en los que he aprendido a apreciar su diseño, sus líneas, su peso y equilibrio, su comodidad, la inteligencia en su sencillez. Y su comedida belleza. Las cucharillas han rebañado todos los tarros de nocilla y nutella, los botes de Colacao 0%, los yogures Vitalinea de Danone, cremosos y edulcorados, las mermeladas de frambuesa de la Vieja Fábrica, incluso una reciente rapsodia de frutas de Piña y Mango de St. Dalfour, o la gran mayonesa Hellmann’s. Y han dado miles -¡millones!- de vueltas al azúcar o la sacarina que han endulzado el café soluble de Nescafé, con y sin cafeína, cafés de Dolce Gusto que se preparan en mi preciosa Krupps Circolo, o té marroquí y alguna manzanilla con anís con que acompaño las noches de trabajo y desvelos.

En esta madrugada sin hora giro con la izquierda una de ellas sobre un café frío y el scroll del que soy capaz con mi derecha haciendo aspavientos verticales con los cinco dedos sobre el leap motion me lleva a una anotación concreta de la publicación póstuma de los Sudelbücher de Lichtemberg a modo de Aforismos en que ando entretenido: “Existen personas que cuentan, más que con auténtico genio, con cierto talento para captar al vuelo los deseos de un siglo, o de un decenio, antes de que nadie los haya manifestado.” Y pienso en Jobs. Y paso a pensar en otros rápidamente, por saturación de Steve.

Carl-Gustaf Jahnsson es un tipo escurridizo. Apenas encuentro en google algunas referencias de un Presidente y “Chief Executive Officer” de la farmacéutica Astra o un cámara de una película sueca de 1982 o un profesor de la KTH Royal Institute of Technology de Estocolmo y a excepción de este último ninguno de ellos parece ser el mismo Carl-Gustaf Jahnsson que según Ikea ha diseñado la cubertería DATA a la que pertenece esta cucharilla de las que seguro hay más unidades y en más casas de todo el mundo que iphones, prácticos, geniales, inútiles a la hora de rebañar el tarro de la mermelada.

Hago un último intento en la web de Ikea y busco de arriba a abajo información sobre sus diseñadores. Nada. Y ahí en la web está Anna, con su polo amarillo con cuello azul, que responde a tus preguntas. Pregunto a Anna de forma resumida sobre el tema que deseo -“Carl-Gustaf Jahnsson” -“Lo siento, no he entendido bien lo que has dicho.” -“¿quién es Carl-Gustaf Jahnsson?” – “Noto que me intentas preguntar algo, pero no acabo de entender tu pregunta del todo. Por favor, intenta formularla de nuevo.”. No sé formularla de otra forma, quizás… -” Si Yoda poderoso en la fuerza es, ¿por qué al derecho hablar no puede?” – “De acuerdo, no hay problema. Recuerda que cuando quieras puedes preguntarme sobre IKEA y estaré encantada de contestarte.” Desisto.

Yo ya he visto “Jobs” -cómo no-, la película, una sucesión bastante aburrida y anodina de momentos -discúlpenme-, entretenida pero una oportunidad perdida. Quizás porque la historia de Jobs, así, resumida, lineal, ya uno se la ha leído en todas partes, hasta el aburrimiento, y hubiera preferido profundizar en la esencia, la motivación, la visión, que por otra parte entiendo sería igual bastante menos comercial. Es probable que la historia profesional y personal de Carl-Gustaf Jahnsson no esté llena de esa genialidad a la que se refiere Lichtemberg de adelantarse al deseo, incluso de crearlo, pero sin duda está llena de esa modesta genialidad en una sencillez que es más común y menos admirada, la de transformar nuestro mundo sin pretender mucho, sin ser nadie más que uno mismo. Incluso sin ser.

En algún lugar del mundo (digamos Suecia) probablemente haya un desconocido tomándose un café sabedor de que en el resto del mundo hay millones de desconocidos removiendo el suyo con una cucharilla cuyas líneas ideó él.

Y teniendo en cuenta que la absurda Bonus ( Referencia artículo: 500.871.85 ) de 16 piezas cuesta tan sólo 2,99 €/ud, todos ellos serán gentes de un mínimo buen gusto. Querido Carl-Gustaf, aquí un admirador, un amigo.

El tazón beige de 2,59 € /ud (referencia artículo: 001.324.49 ) en la que revuelvo el café ha tenido mejor suerte con su autora no con su nombre (IKEA 365+), la ha diseñado la británica Sue Pryke “Homeware Design Consultant and Product Designer” de la que google devuelve unos 67.400 resultados en 0,38 segundos y a la que acabo de seguir sin dudarlo ni un instante en facebook, en pinterest, en tumblr, en twitter, en Instagram, y añadir a mis favoritos sus webs: suepryke.com

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