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Yo soy Visigodo.

Y Tartesso, Fenicio, Suevo, Celtíbero, Cántabro, Astur, Almohade, Vándalo Silingo o Alano, Romano...

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… y vaya usted a saber de cuántas sangres. Vengo del norte y vengo del sur, de los pueblos germánicos occidentales y como todos del África en que dimos los primeros pasos erguidos y más cerca en el tiempo de Maliayo y de Gades o de Isbiliya o de Malaka, pasando por un Basurto Eguía que le dio apellido a esta familia lejos de lo que es Euskadi, y entre mis apellidos también tengo un Morales andaluz del que me siento igualmente orgulloso. Pero nací en el Mediterráneo y me emociona Serrat cuando lo canta. Me siento más de mar que de interior porque me enciendo cuando llego a cualquier orilla, aunque he pasado más tiempo de mi vida añorándolo que viviéndolo.

He heredado un pelo negro que en nada se parece al de mi hermano, como en nada nos parecemos en la complexión, la altura o los modos, aunque ambos compartimos mismos genes. Tengo rasgos latinos que son a grandes rasgos los mismos que los de cualquier otro ser humano: una boca y su nariz, dos ojos con sus pestañas y sus cejas, dos orejas, y como era de esperar tripas, corazón, manos y piernas. Hablo Castellano porque es mi lengua materna y es mi lengua paterna, ambos con acentos y cantares diferentes, entonaciones distintas a la mía. Hablo un Castellano que no es el mismo Español que hablan otros casi 530 millones de seres pero que me permite comunicarme con ellos. Podría haber hablado en latín, en griegoarameo si mi padre se hubiera empeñado (y podía) en comunicarse en cualquiera de ellas con nosotros desde pequeños, aunque me hubieran servido de poco en este Madrid en que me vivo y son útiles en muchas otras cosas. Y disfruto escuchando el catalán o el valenciano tanto como con las distintas hablas andaluzas, hin.

Biológicamente respondo a (wikipedia) Eukaryota del reino animalia, subreino Eumatazoa del clado bilateria, superfilo Deutrostomia, filo chordata, subfilo vertebrata, infrafilo gnathostomata, superclase tetrapoda, clase mammalia, subclase theria, infraclase placentalia, superaren Euarchontoglires, orden primates, suborden Haplorhini, infraorden Simiiforme, parvorden Cararrhini, Euarchonta, superfamilia Hominidea, familia Hominidae, subfamilia Homininae, tribu Homini, subtribu Hominina, género Homo, y finalmente de la especie Homo Sapiens, como tú. Y en todas esas clasificaciones compartimos rasgos fundamentales con otros seres vivos como el Pepino de Mar o un Gibón de manos blancas. Y esto es así desde mucho tiempo antes, mucho de verdad, de que empezáramos a levantarnos las manos los unos a los otros, iguales, por esto y por aquello o por lo que fuera, y a apropiarnos de las cuevas y los campos, y a señalarnos por nuestras diferencias, por los pequeños detalles, como la onda de mi pelo despeinado.

Puede que porque no venga de ningún sitio en concreto -o porque venga de varios y distantes en los siglos y la geografía- que tenga una visión puntillista del mundo y entienda la pincelada en lo que resulta de un lienzo completo de un Seurat, los detalles que son hermosos en sí mismos cuando encuentran sentido en el conjunto en el que se comprende toda su belleza y la expresión de su particular identidad. Puede que sea por esa amalgama de sangres inconsciente que sueño y pienso en plurales permeables y me cueste entender los impermeables singulares aislados. Puede que sea porque como Montesquieu, soy humano por naturaleza e Ibero por casualidad, y si me tengo que declarar de patria alguna sea de ésta, de la patria de lo humano, que no me encuentro en los siglos más que ahora, ni arrastro más seña de identidad que la mía y la biológica que comparto contigo y con un señor de Papúa.

Y en tanto que sueño con las postales de lugares en el mundo al que un día iré, mi querido Juanma Dolz me descubre otras más cercanas con un arros negre y unas coquinas, mano a mano frente al mar, cuchara con cuchara, una gran conversación y un paseo por la Malvarrosa de Blasco Ibáñez y Sorolla, disfrutando de esa luz que es la misma de las pinturas que tanto admiro, que tantos admiramos, de ese mar que no es el mismo que el de la Barcelona en que nací ni el que baña esa parte de Cádiz que está antes del estrecho aunque se llame igual. Y en esa conversación de horas, de un octubre a 30 grados, en la que Juanma intercala frases en valenciano con la misma naturalidad en que lo hace Pilar -que le da el apellido a nuestro Pau Llopart- en Catalán, y que no siempre comprendo, nada nos impide respetarnos, querernos y encontrar siempre, siempre, el modo de entendernos y compartir.

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Érase una vez la historia de una vida contenida en un ser humano débil, pequeño e indefenso... una vida que esperaba verse vieja, gastada y bien vivida unas décadas más tarde. + ver

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