Robert Carsen regresa al Real con La Valquiria.

Entre los días 12 y 28 de febrero el Teatro Real ofrecerá 9 funciones de La valquiria, de Richard Wagner, segunda de las cuatro óperas que conforman El anillo del Nibelungo.

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El Teatro Real de Madrid continúa el ciclo de El anillo del Nibelungo con la representación de La Valquiria, la segunda ópera de la famosa tetralogía compuesta por Richard Wagner entre 1848 y 1874. Como tal, esta extensísima composición se estructura como los antiguos dramas griegos: tres tragedias y una sátira. El argumento gira en torno a las sus luchas, pactos, maquinaciones, traiciones y conflictos conyugales entre dioses, héroes y otros seres mitológicos. Todo ello para lograr el anillo mágico del poder sobre el mundo entero.

El oro del Rin terminaba con la mudanza de los dioses a la fortaleza del Valhalla. En ese paraíso de mármol recién edificado comienza La Valquiria. Nieva. Soldados bien entrenados buscan en pleno temporal la guarida del Hunding, jefe de una banda de traficantes de armas. El tipo ocupa un hangar inhóspito repleto de municiones, donde ha levantado su morada. Allí no hay espacio para el calor, la compasión ni ningún otro sinónimo de hogar o bienestar. En Valhalla tampoco se libran de las discusiones, las infidelidades y la insolencia. Claro que al abrigo del clima y con el estómago lleno, la crueldad parece menos.

Esta segunda ópera de la saga narra el origen de Sigfredo. El héroe, fruto del amor incestuoso entre Siegmund y Sieglinde (ambos hijos extramatrimoniales de Wotan), es la última esperanza del dios para conquistar el poder supremo. La nieve, como elemento metafórico, enlaza una pieza con otra y sirve para enfatizar las escenas más intimistas.

El director canadiense Robert Carsen, el escenógrafo Patrick Kinmonth y el iluminador Manfred Voss ponen en escena esta alegoría de la sociedad estratificada en clases. Los dioses, aislados en el Valhalla, mueven con prepotencia los hilos del universo. Mientras, en el mundo real, reina el desorden, los crímenes, el pillaje y la guerra. Los humanos se devoran entre ellos, se matan, huyen de la depredación y el frío.

El montaje incide en la progresiva destrucción “de los lazos afectivos entre los personajes bajo el peso de un sistema que es una auténtica máquina de deshumanización. La tetralogía wagneriana denuncia los efectos devastadores del afán de poder: la obra explica, dice Robert Carsen, cómo la ambición humana puede llegar a destruirlo todo: no solo la naturaleza sino también la familia”.

La gran saga wagneriana proseguirá en las dos próximas temporadas, con SiegfriedEl ocaso de los dioses, en la que se seguirán los pasos del héroe de la tetralogía, desde su glorificación hasta el cataclismo final.

El primer director musical invitado del Teatro Real, Pablo Heras-Casado, estará al frente de dos elencos y de la Orquesta Titular del Teatro Real, con 108 músicos en los atriles. Protagonizan ambos repartos: Stuart Skelton y Christopher Ventris (Siegmund); René Pape y Ain Anger (Hunding); Tomasz Konieczny y James Rutherford (Wotan); Adrianne Pieczonka y Elisabet Strid (Sieglinde); y Ricarda Merbeth e Ingela Brimberg (Brünnhilde).

Como actividad paralela el teatro proyectará dos películas que Fritz Lang (1890-1976) inspiradas en la composición wagneriana: La muerte de Siegfried y La venganza de Krimilda. Los filmes, con guion de Thea von Harbou (1888-1954), esposa del director, están basados en el poema épico medieval El cantar de los cantares, una de las fuentes primordiales de Richard Wagner.

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