Miguel del Arco traslada la corrupción de Ricardo III a nuestros días.

Del Arco y Rojano adaptan el clásico de Shakespeare en una versión libre que brinda un Ricardo III plagado de envidias y manipulación.

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Según Harold Bloom, Ricardo III es la obra de Shakespeare más larga y más representada de la historia. Es, además, la única que se abre con un soliloquio del protagonista rompiendo la cuarta pared con el público y las convenciones teatrales clásicas. ¿Qué tendrán los malos que nos gusta mirarlos? ¿Qué morbo se desata en nosotros como espectadores del mal? Ricardo sabe que el mal nos atrae y juega con esa contradicción.

El retrato shakespeariano de Ricardo III es de lo menos atractivo como ser humano. No sólo ocupó el trono inglés usurpando el derecho dinástico de su hermano Eduardo IV y traicionó la confianza que este depositó en él otorgándole la tutela de sus hijos. Es que los hizo asesinar a sangre fría en la Torre de Londres.

Realmente, caballeros, era un tirano sangriento y un homicida; alguien criado en sangre, y en sangre asentado, escribió Shakespeare. Así, para empezar, el personaje se nos hace ciertamente antipático y miserable. Un traidor sin escrúpulos, violento e implacable. No mucho peor ni más cruel que los cabecillas de las dos facciones de la nobleza — los York y los Lancaster— eternamente enfrentadas. No obstante, resulta imposible encontrar el más mínimo resquicio de empatía respecto a su persona.

Salvando el homicidio y la crueldad física tan corrientes durante las guerras fratricidas del siglo XV, los gobernantes actuales parecen vivir inmersos en similares ambientes corruptos y “conspiranoicos” donde las envidias, los egos superlativos, las maquinaciones, la ambición desmedida y cualquier otra artimaña justifican la permanencia en el poder. O la forma de alcanzarlo, según se tercie.

Codicia, ansia de poder, manipulación… Esta versión de la tragedia de Shakespeare firmada por Antonio Rojano y Miguel del Arco —dirigida por este último— le toma el pulso a la era contemporánea y sus propias luchas de poder, codicia, engaños políticos e intereses partidistas. Este Ricardo III lleva todavía más lejos las convenciones teatrales que plantea el original, diseccionando su esencia con los ojos del presente. “Nosotros hemos querido ser consecuentes con el tiempo que vivimos en el que ese extremo  en concreto —la importancia de la información como elemento fundamental para conseguir el poder— ha tocado cotas inimaginables”, explica el director.

Siguiendo la teoría de Bloom, Ricardo no representa a una persona concreta, individual, a ningún hombre en particular, sino a un tipo de personaje: “resume y concentra bajo una forma humana a toda una familia de caracteres y de espíritus”. De Arco araña los límites establecidos por Shakespeare, disecciona la maldad y el espanto, explora la mezquindad infinita de un sujeto (un tipo de sujeto similar a los dirigentes que desfilan a diario en los noticieros) capaz de lo que haga falta con tal de detentar el poder, aunque luego no sepa qué hacer con él.

Israel Elejalde interpreta al monarca inglés acompañado de un elenco que completan Manuela Velasco, Cristóbal Suárez, Alejandro Jato, Verónica Ronda, Chema del Barco y Álvaro Báguena

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Ricardo III, William Shakespeare. Teatro Pavón Kamikaze. Fechas y horarios: del 10 de octubre al 17 de noviembre de 2019. Jueves 10 de octubre, 20:30h (estreno absoluto). Martes, 19h. Miércoles a sábados, 20:30h Domingos, 18h. Horarios especiales: domingos 13 y 20 de octubre, 19h.

Más información Teatro Kamikaze

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