La tortuga ganó a la liebre, y no fue por casualidad.

He visto a más personas triunfar gracias a su constancia que a su talento.

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Seguro que como yo, has oído la fábula en la que la tortuga ganó en una carrera a la liebre, y esto todos tenemos claro que no fue por una cuestión de velocidad, aunque cualquiera hubiera afirmado que una carrera la gana el más veloz. No siempre es así, como en la vida, tampoco gana siempre el que es más veloz, sino el que es más constante. La tortuga ganó por que realmente tuvo más constancia en su empeño, de lo que tuvo la liebre, precisamente porque esta última se confió al ir totalmente segura de su resultado debido a su capacidad de correr, en comparación con su pequeña amiga.

¿Cuántas veces te ha sucedido, que te has confiado en tus habilidades y al final las cosas no han salido como esperabas? Tal vez al hacer un examen, o al realizar una presentación comercial, o en una negociación. ¿Cuántas veces has abandonado a medio camino un sueño? ¿o un proyecto que inicialmente te hacía ilusión? Supongo que en todas estas preguntas la respuesta común es: más veces de las que me gustaría reconocer o recordar. Lo cual no está mal, si esto sirve para que en el futuro no suceda nuevamente. Si sirve como de aprendizaje.

Además no podemos olvidar, que con la práctica se logra la destreza, por lo que la constancia, también nos permite ser mejores en lo que hacemos, lo que aun más si cabe, nos acercará a la meta deseada. Ahora bien, si es tan sencillo y está tan claro, ¿por qué abandonamos? ¿por qué nos confiamos? Los motivos pueden ser variados, tantos como personas y circunstancias haya. Desde por pereza de seguir esforzándose, por la común frase «para qué esforzarse más, si no es necesario» y luego parece ser que sí lo era, o por miedo o creencia a que no era posible lograrlo en el fondo, y estos son solo unos ejemplos.
Es importante cuando se nos pase por la cabeza, el hacer una parada en el camino, medir el tamaño de la misma, como cuando descansamos al hacer deporte, hay un tiempo adecuado, menos no nos permitiría recuperar energía, más del necesario nos haría enfriar y a nuestros músculos les costaría más luego volver a ejercitarse; también sería bueno preguntarse el motivo de esta pausa, ¿es por cansancio y en consecuencia queremos coger fuerzas? ¿por pereza? ¿por aburrimiento?, y así poder tomar la decisión adecuada, la que nos facilite con mayor probabilidad terminar con éxito nuestro reto.

Así mismo, cuando por tu cabeza pase el abandonar, pregúntate los motivos, ¿ya no te hace la ilusión de antes? ¿por qué? ¿cuál era el motivo por el que antes deseabas lograrlo? ¿para qué (no por qué, sino para qué) querías lograrlo? ¿qué te haría falta ahora para que quisieras seguir adelante? No es preciso terminar todos los proyectos, en ocasiones abandonar algo a tiempo, es un éxito, ahora bien, es importante sopesar detenidamente si esa salida del proyecto, es realmente la mejor decisión.

Si sigues estas pautas y las pones en práctica (conocer la teoría lamentablemente no es suficiente), cada día estarás más cerca de alcanzar tus metas. Recuerda siempre que la tortuga ganó a la liebre no por rápida, sino por constante.

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