¿Quién da los golpes que forjan tu carácter?

Somos como un bloque de mármol, las experiencias vividas quitan los trozos que muestran la escultura que escondemos en nuestro interior. Tu interpretación de lo que vives define qué trozos desaparecen y cuáles se muestran.

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Antiguamente domaban el metal dándole golpes tras llevarle a temperaturas extremas, era la única forma de poder moldearle y además con ello le dotaban de más dureza, más fortaleza para que acometiera las dificultades que estuvieran por venir. Algo parecido a lo que nos sucede a todos en esta vida, que tras vivir momentos de dificultad, en ocasiones de dolor incluso, se va forjando nuestro carácter, las situaciones que hemos vivido, y más concretamente cómo las hemos interpretado, nos han moldeado hasta convertirnos en quienes somos hoy día.

Esto es así, no podemos evitarlo, y además, no tiene sentido intentar evitarlo, sería como luchar contra la corriente, que queramos o no nos arrastrará. Ahora bien, lo que sí ha sucedido hasta ahora es que este moldeado ha sido inconsciente, porque lo que nos da forma no es el golpe en sí mismo, sino cómo interpretamos nosotros ese conflicto, y en verdad me atrevería a afirmar, sin miedo a equivocarme, que tú como yo, hemos realizado interpretaciones de acontecimientos vividos, sin pararnos a pensar si había otra forma de definir y percibir lo que nos sucedía. Por lo tanto, al reaccionar por impulso más que por decisión meditada, este moldear de nuestro carácter ha sido un tanto, digamos “aleatorio”, y por aleatorio entiendo que ha sido influenciado por lo que se espera de nosotros, por lo que las personas de nuestro entorno harían, por lo que culturalmente cabría esperar, y así un larguísimo etcétera, pero lo importante, ni tú, ni yo, hemos tomado la decisión conscientemente y por lo tanto, moldeado nuestro propio carácter, según entendemos que es mejor para nuestro futuro.

Cuenta la historia que en una ocasión preguntaron al artista renacentista Miguel Angel, cómo fue posible que creara una obra tan magnífica como lo fue su David, y este respondió que en verdad el no hizo nada, solo fue golpeando el mármol hasta que la figura que ya se encontraba dentro emergió. Por que El David siempre estuvo allí, hasta que él lo liberó. Igual nos sucede a nosotros, es crucial elegir los golpes, seleccionar los significados, en definitiva, apoderarnos del martillo que revela el David que todos llevamos dentro, nuestro verdadero potencial, nuestra verdadera esencia. Solo tras recibir los golpes precisos, nos moldearemos, dando lugar al gigante que llevamos dentro, mostrando la belleza que ya reside en nosotros. No rechaces las experiencias que pueden no gustarte, e incluso ser dolorosas, en su lugar, utilízalas para obtener lo mejor de ti, tu verdadero poder.

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