Voces.

No estaba loca, pero oía voces... Voces a las que ya no podía prestar su voz porque la había perdido una noche fría de noviembre...

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Se había quedado sin voz. Pero no sin voces. Las voces que le susurraban sus pensamientos, las que abrigaban su corazón y envolvían su alma, esas voces seguían sonando suaves y constantes como siempre, persistentes como nunca, siempre lúcidas, siempre sinceras, siempre alerta, siempre ahí.

Pero ella ya no tenía voz propia ni ajena, su garganta doliente había enmudecido y lo único que podía hacer era vomitar sus voces sobre el teclado o sobre las páginas de su libreta porque ya no podía hablar, ya no podía gritar…

Entonces no lo sabía pero ese había sido el problema, había caído en la trampa absurda de pensar que cuanto más alto hablase más se la oiría pero esa era una falacia superlativa, sólo se oye a quien tiene el micrófono y la audiencia, los demás pueden gritar cuanto quieran pero lo máximo que conseguirán será hacer ruido… y perder la voz quedándose a solas con sus voces.

¿Y las redes? ¿qué hay de las redes? ¿y de Google? ¡Ay las redes! ¡Ay la tan manida democratización de la información! Los bots, los trolls, las fake news, las trampas de Google cuando busca lo que tú buscas pero, como por arte de magia, encuentra lo que él quiere que no es casi nunca lo que tú quieres encontrar sino lo que él quiere que tú encuentres… O las redes, tu ahí, con tus follow, follow, follow... y las redes enseñándote sólo de tus follows lo que a la mano que mece la cuna se le antoje y, es más, convenciéndote de que su ‘esto te podría interesar’ es lo que realmente te interesa o, al menos, lo que te deberían interesar.

El silencio al que la había confinado su garganta le dio el tiempo que necesitaba para ordenar sus voces, no le faltaban ideas ni mensajes, proyectos ni los planes de hacerlos realidad en su calendario, ni tan siquiera le faltaba el tiempo para afrontar tamaños retos… le faltaba abrir las ventanas y dejar de dar voces en una habitación cerrada y hermética en la que no había nadie más que ella mismas con sus voces…

Abrir puertas y ventanas, ya mismo, con urgencia, antes incluso de que su voz pudiera dar sonido a sus voces… pero ¿cuándo el mecanismo de una puerta o de una ventana se había convertido en un candado de siete llaves a girar a un tiempo y a la vez en otros tantos sentidos distintos? Por partes, pensó… primero habrá que conocer cada llave y su mecanismo para luego girarlas exitosamente ¿qué iba primero? ¿SEO, SEM, UX…?

Eran las 4 de la tarde de un domingo cualquiera, hacía frío porque noviembre no sabía hacer otra cosa y ella no tenía voz, incluso sus voces comenzaba a perderse en el cansancio de su mente ante la certeza de estar hablando en una habitación hueca y vacía, en el espacio que deja la nada a su paso… Tal vez el lunes, el día en el que siempre empieza todo, podría ver el mundo de otro modo pero un frío domingo de noviembre a las 4 de la tarde no tenía mucho más que decirse se buenas tardes. Y buena suerte.

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