Simplemente.

'No vemos las cosas como son sino como somos nosotros' decía Kant, y era cierto, es más, vemos sólo lo que queremos ver, cuando queremos verlo y como queremos verlo...

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Detestaba todas las propuestas que comenzaban contenemos dos opciones porque solían esconder una simplificación absurda de la realidad que daba luz sólo a lo que cabía en esas dos opciones y condenaba al ostracismo a todo lo que no encajaba en ellas y sabía bien de la injusticia que se generaba entonces porque lo cierto es que la complejidad del ser humano y del tejido social que componía desde ella era de todo punto imposibles de encajar en dos opciones, sean éstas las que fueran.

Pero, con los años, se había dado cuenta de algo más… la verdad, tan dolorosa como cierta, era que la gente quería dos opciones, tres a lo sumo, y no tener que pensar ni plantearse nada más que si el mundo es blanco o negro, admitía algún matiz, alguna nota discordante o algún gris por aquello de decirse a sí mismo que su paleta de color era diversa y no bicolor. El mundo se llenaba entonces de conceptos contrapuestos y las gentes se colocaban con uno o en su contrario y así la vida era como un partido de fútbol… uno que dejaba fuera del foco, en sombra y en segundo plano a todos aquellos a los que no se sentían arrastrados por la pasión del fútbol.

No vemos las cosas como son sino como somos nosotros… decía Kant, y era cierto, es más, vemos sólo lo que queremos ver, cuando queremos verlo y como queremos verlo, nos tapamos los oídos cuando nos llegan palabras que desmontan ese modo de ver el mundo en una dicotomía perenne o, como contrario a ello y perpetuando la doble visión de las cosas, cuando oímos cosas que alientan el caos.

Y no era por cobardía ni por falta de inteligencia o brillantez, no era por miedo ni por imprudencia, no era locura… era cansancio, un hastío profundo que ejerce de anestesia de la inteligencia y que nos lleva a buscar la simplificación, a buscar un rincón en el que acomodarnos y donde el mundo tenga la decencia de dejarnos en paz, al menos, una hora al día.

Revisó su libreta y vio páginas enteras de notas y listas de cosas por hacer, eran sus objetivos de cada día puestos en negro sobre blanco para que no se olvidara ninguno, escritos con bolígrafo azul y con letra de médico; no recordaba cuando había empezado a organizar así su vida, en una libreta, tal vez fuera en el instituto o, como tarde, en la facultad… y ya había cumplido los 40.

¿Cómo no entender entonces el ansia del mundo por simplificarlo todo? nos exigimos cada día una y mil cosas que ‘hay que hacer’ sin plantearnos por qué hay que hacerlas y por qué ese día y no otro, y por qué nosotros… y lo peor del asunto era que olvidamos siempre una cosa en esa lista, la única esencial; buscó la página del lunes 26 de septiembre de 2016 y antes del primer apunte de una lista que no era breve, añadió una línea…

Sé feliz… y no te conformes.

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