Rodando.

Érase una vez la historia de unos bichos bolita discordantes que querían rodar camino arriba en lugar de hacerlo, como todos, camino abajo.

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El marranito* más grande de cuantos buscaban alimento en la vereda del camino vigilaba a un grupo de pequeños bichos bolita, era la primera vez que salían en busca de comida y el marranito sabía que se despistarían todo el rato y que sólo el hambre les haría centrar la atención; se coló entre ellos explicándoles lo sabrosos que resultaban algunos alimentos a pesar de su aspecto poco apetecible y recordándoles siempre que en, caso de peligro… ¡concha y a rodar! deberían hacerse bolita y, rodando, tratar de esconderse.

Claro que para aquellos pequeños bichos bolita el peligro era poco más que una entelequia, algo de lo que les habían hablado ya muchas veces pero que no habían visto ni sentido jamás, habían vivido hasta entonces bajo la protección de los marranitos y, aunque sabían que un día serían tan grandes como ellos y cuidarían de otros bichos bolita, no lograban introducir el miedo o el peligro en esa ecuación que era para ellos su crecimiento, eran felices y se divertían rodando como si su existencia fuera sólo un juego.

El marranito se fijó entonces en que, cuando jugaban a hacerse bolita y rodar, todos los bichos lo hacían camino abajo, alcanzando a veces velocidades notables, eso era lo divertido para todos ellos… excepto para uno. Uno de los bichos bolita trataba de avanzar camino arriba y, viendo que rodando era casi imposible, lo hacía caminando y él sí vigilaba el camino y, si algo lo asustaba, se hacía bolita.

El marranito se acercó a él movido a partes iguales por la curiosidad y el miedo, no quería que el pequeño bicho bolita se separara del grupo y tampoco entendía su empeño en rodar camino arriba, algo que el bicho bolita no dudó en explicarle: –verás– le dijo –todos van hacia abajo aunque yo no veo ahí nada interesante, sólo algunas hojas que tal vez estén ricas pero… ¿y ahí arriba?– el bicho bolita señaló al punto más alto del camino –demasiada luz– dijo el marranito –poca humedad, no es buen lugar para nosotros, no estarás cómodo– el pequeño bicho bolita se encendió como un farolillo¿¡y tú cómo lo sabes¡?– exclamó con tono de enfado –a lo mejor hay un río cerca y hay árboles, puede ser un buen lugar… además pordré ver qué hay al otro lado-.

La curiosidad del pequeño bicho bolita hizo sonreir al marranito, siempre había algún perro verde entre los bichos bolita que salían del nido por primera vez pero aquel le parecía especialmente cabezón, le recordaba al bicho bolita que él fuera un día… Y sin dudarlo un segundo, tras comprobar que el resto de bichos bolita estaban junto a los marranitos que los dirigían hacia el alimento, se puso a ascender el camino junto al pequeño perro verde del grupo.

Llegaron a lo más alto de camino exhaustos pero felices de haber alcanzado su objetivo y sabiendo que la vuelta a casa sería mucho más fácil, sólo tendrían que rodar aunque no lo hicieron hasta descubrir que allí arriba, a la sombra de los árboles, había comida para un año entero, restos de vegetales y varias mariposas muertas, tal vez fuera porque cerca, muy cerca, había un campo de flores y el río bajaba con gran caudal. –¡quién dijo que no era buen lugar para nosotros eh!– exclamó feliz el pequeño bicho bolita.

El marranito sonrió y miró camino abajo, a pesar de la distancia vio a los grandes grupos de marranitos buscando alimento, eran como un regimiento… sabía que no todos podrían rodar camino arriba, es más, sabía que muchos ni tan siquiera querrían; salir del grupo, de la tribu, de la manada… no era algo que todos fueran capaces de hacer pero aquel día, aquel marranito acompañado por aquel pequeño bicho bolita decidió que bastaba uno de ellos para que mereciera la pena, decidió que aquel momento en adelante ningún bicho bolita discordante volería a tener que confundirse con la tribu para que no lo acosaran, agredieran ni agobiaran, de aquel día en adelante todos los perros verdes del grupo tendrían su propio camino, su propio refugio… no sería fácil, nada que mereciera la pena lo era nunca, pero la sonrisa exhausta que en aquel momento lucía en su cara el pequeño perro verde del día le demostraba que merecería la pena el esfuerzo de aceptarse como notas discordante cada día. Serían libres.

Entonces, el pequeño bicho bolita se acercó al marranito y le susurró –hay muchos más que piensan como nosotros, que siempre han querido venir camino arriba, algunos también quieren buscar otros caminos y los hay incluso que quiere explorar donde no hay camino alguno…– el marranito lo miró sorprendido sólo a medias porque en realidad él ya lo sabía, lo que le sorprendía era la claridad con la que el pequeño bicho bolita se atrevía a expresarlo –¿haremos todo eso, marranito?– preguntó el bicho bolita –¿saldremos a explorar cada día caminos nuevos?– El marranito lo miró y sentenció –cada uno hará lo que le dé la gana, seremos libres-.

Y así siguieron rodando cada día un poco más lejos…

——

*marranito: su nombre científico es oniscídeo, son los popularmente conocidos como bichos bola o cochinillas de humedad. Un bicho tan feo y poco encantador como tantos otros aunque, en modo bola, es al menos curioso. Marranito y bicho bolita son un par de sus muchas denominaciones.

BeIsBook Entre las muchas cosas interesantes que escribe, Berta tiene BeIsBook, un proyecto personal de literatura en lengua inglesa que realmente merece mucho la pena: beisbook.com
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