Oportunidades.

Érase una vez una historia de oportunidades, tipos oportunos y oportunistas.

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Se acercó a la ventana y miró al cielo, aunque lo único que vio fue un manto de nubes grises entre las que resonaban los truenos y deslumbraban los rayos, estaba segura de que sobre ellas, a miles de kilómetros de distancia y muy lejos de su vista incluso en los días claros, los planetas estaban alineados, sólo eso explicaría la conjunción de líos que se había dado cita en su vida aquellos días.

En su vida y más allá de ella porque, a la vista de los periódicos, el mundo no estaba mucho mejor; –Saturno, querido ¿puedes moverte un poco? ¿tal vez tú Venus de mis amores? ¿o tú Marte, no podrías irte con tus guerras a otra parte?– se rió de sí misma ante su imaginaria conversación con los planetas, era en realidad lo único que le quedaba ante tanto lío, inevitables todos y soportables sólo algunos, reir a mandíbula batiente hasta que su ánimo se dejara engañar lo justo para venirse arriba y hacerle así más llevadera la alineación planetaria que, antes o después, pasaría, siempre lo hacía.

Claro que, aunque pasara más pronto que tarde, dejaría secuelas, también lo hacía siempre y entonces vendrían los reproches… o no. Vendrían las dudas acerca de si había hecho lo oportuno y conveniente o no, si había descubierto las oportunidades que siempre navegaban entre los líos y, lo que era más importante, si las había aprovechado… que era cosa de oportunistas, dirían algunos, pero eso a ella le importaba bien poco porque si algo sabía con total certeza era que la vida no era más que un suceso continuo y constante de acontecimientos a veces buenos, otras no tanto, en ocasiones terribles y en otras apenas destacables e incluso algunos magníficos; y todos ellos se entremezclaban con lo que ella hacía y dejaba de hacer ¿el resultado? su vida ¿y qué sería de su vida si entre las cosas que hacía no estaban aprovechar las oportunidades que ésta le brindaba?.

Otra cosa era la intencionalidad de las cosas y las gentes, la manipulación, la postverdad y otras mentiras, otra cosa bien distinta eran las gentes con doble cara o las que lograban que su mano izquierda hiciera una cosa y la derecha la contraria sin apenas inmutarse, las que podían mentir mirando a cámara sin mostrar un mero atisbo de rubor en su rostro y las que podían retorcer la verdad de tal modo que no queda de ella ni tan siquiera un leve rastro; claro que nada de todo aquello tenía que ver con las oportunidades creadas ni con lo oportuno y conveniente que pudiera ser, era, aprovecharlas.

Se preparó un café y echó un nuevo vistazo a la portada del periódico, una portada que cambiaba constantemente ante la vorágine de noticias del día, a la vista de los titulares miró de nuevo de reojo hacia la ventana para ver un rayo y constatar que Marte no pensaba moverse ni un milímetro de la alineación de planetas, tan solo le quedaba llorarle a Venus, a ver si el amor resultaba menos testarudo que la guerra. Sonrió de nuevo ante su absurdo modo de explicar la realidad de su vida en base a algo tan absurdo como una alineación de planetas y sonrió más todavía tratando de ordenar en lo posible aquella realidad compartiendo un café con un par de planetas.

Después de apurar su taza de café decidió comenzar a poner los pies en el suelo, olvidar los planetas y pensar en las cosas que alcanzaba a ver con sus ojos y a tocar con sus manos; recordó entonces el aviso de Reverte cuando decía que ‘los estúpidos causan más daño que los malvados‘ y recordó también a Einstein cuando decía que ‘la vida no es peligrosa por las personas que hacen el mal sino por las que sientan a verlo‘, ese par de sabios recuerdos la alejó del todo de su alineamiento de planetas pegando sus pies al suelo y sus manos a su vida; importaba muy poco lo que pudiera pensar nadie (se dijo al ver el par de llamadas perdidas en su móvil), menos aun lo que dijeran los espectadores de vidas ajenas y los juglares del S.XXI, lo que importaba, lo único que importaba, era seguir su camino sin prisa y sin pausa, tomando decisiones de corazón sin dejarse nunca llevar por los líos de la vida ni por miedos que no eran suyos.

Decidió aprovechar el tiempo revuelto y la huída de la gente al calor del hogar para calzarse sus zapatillas nuevas y salir a correr bajo la lluvia, nada liberaba su mente tanto como cansar sus piernas y sentir el agua en la cara, aunque fuese agua de lluvia y no de mar.

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No corta el mar sino vuela

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