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¡Mira!

Érase una vez una tarde de domingo en la que alguien recordó que la vida no es como es, es como la haces, es como la miras... ¡mira!.

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Siempre había sido más de mar que de montaña, mucho más de playa que de río pero aquella tarde agradeció sobremanera haberse sacudido la pereza para regalarse un paseo tierra adentro; la primavera se había hecho esperar más de lo debido pero aquella tarde ya no importaba porque aquella tarde ya olía a campo y a flores, a luz, a fresco y a vida, la vida que surgía por doquier, incluso donde nadie las esperaba. ¡Mira! se decía a cada paso. Por un momento se sintió como en aquella serie* extraña en la que una familia se perdía en el espacio y descubrían un planeta en el que las flores se abrían al sonido de una palmada, era como si el universo entero se hubiera puesto a aplaudir y la sierra se hubiera llenado de flores de colores.

Su vida no era aquella tarde más feliz que la anterior, sus problemas no se había evaporado, la estarían esperando a su regreso, perfectamente acomodados en el salón, cabe que incluso se hubieran servido unas cervezas… en cambio todo le parecería entonces diferente. Por un momento sintió la rabia que despertaba en su interior siempre que se descubría tropezando dos veces, sino más, en la misma piedra, pero la acalló enseguida, no importaba, la locura de la vida y sus gentes le había hecho olvidar por un momento (por unos días o cabe que incluso por unas semanas…) que aquello de ‘la vida es así‘ (como el fútbol es así…) no era más que una falacia, una mentira de esas que a base de ser repetida acababa por pasar por cierta. Pero no lo era. Nunca lo había sido. Nunca lo sería.

La vida no era nunca de una ni de otra manera del mismo modo que el destino no estaba escrito ni dejaba de estarlo y no, no estaba argumentando un sinsentido; no es que el destino esté escrito, pensó, es que lo escribimos cada día, lo que hacemos hoy es lo que seremos mañana…

Continuó su paseo sendero arriba disfrutando del aire fresco y de la caricia del sol que, en aquella primavera incipiente, resultaba todavía agradable; y mientras caminaba, vaciaba su mente de inquietudes y preocupaciones, de problemas no resueltos, de tareas pendientes, de asuntos irresolubles… y se prometía (aun sabiendo que estaba por ver si faltaba a su promesa) que no volvería a olvidar que la vida no es nunca como es sino como la ves, como la miras… y queesas cosas que pasan‘ no admiten la indecisión por respuesta: se aceptan, se cambian o se dejan atrás pero nunca en el jardín de la memoria, nunca en el corazón ni en el alma, nunca, jamás, convertidas en lastre de una vida.

Para cuando llegó a casa sentía hasta el último músculo de su cuerpo, era un dolor reconfortante que alivió levemente bajo una ducha caliente; dudó si encaminarse a la cocina o al salón y, al ver el sofá desde el pasillo y visualizar de nuevo sobre él sus problemas bebiéndose sus cervezas como los había imaginado mientras recorría los senderos de la sierra, optó por ir directa a la nevera y servirse ella misma una cerveza bien fría para disfrutarla cómodamente sentada sobre sus problemas y el sofá porque aquella tarde, ya noche, veía la vida desde otra perspectiva… Y así le gustaba más.

+

*Lost in Space (Perdidos en el Espacio) – Serie de Netflix basada en la serie de televisión original de Irwin Allen de los años 60.

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