¡Mamá, mamá! ¡tenemos un problema!

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El pequeño Ramón miraba fijamente al televisor, entrecerraba los ojos  y dejaba caer su cabeza ligeramente hacia la izquierda; su madre, que conocía bien ese gesto, sabía que su adolescente estaba tratando de resolver en su cabeza algún problema pero, dado que lo que estaban emitiendo en televisión eran las noticias, no acertaba a adivinar cuál. –Pues no lo entiendo– dijo entonces Ramón cruzando los brazos y mirando a su madre con gesto desafiante…

¿Qué es lo que no entiendes?- le preguntó su madre mientras preparaba un café¡no entiendo por qué dices que España está tan mal como Estados Unidos! el señor del telediario ha dicho que tienen casi un millón y medio de casos ¡un millón y medio! ¡y nosotros ni medio!– echó unas gotas de estevia y un chorrito de leche de soja a su café (que dejó entonces de ser expresso) y se sentó de nuevo a la mesa, junto a su perspicaz adolescente, riendo para sus adentros, el jovenzuelo no sabía que se acababa de ganar una clase extra de matemáticas… y venía al pelo porque ya habían estudiado algo de probabilidades.

Removió lentamente el café –¿recuerdas cuándo me preguntabas para qué te servían los problemas de probabilidades?– le preguntó a Ramón, el adolescente puso los ojos en blanco –mamá, más clase de mates no…– ella sonrió, tomó un trago largo de café y aclaró ese punto antes que nada –no es una clase de mates, es una clase de para qué sirven las mates-. El adolescente (pre adolescente todavía, en realidad) se cruzó de brazos con aire desafiante –pues a ver, explícamelo-.

-¿Recuerdas el problema de las cajas llenas de bolas de colores?- ante tamaña pregunta el pequeño rebotó en su silla -¡claro que lo recuerdo!- respondió el pequeño –¡era un problema trampa! decía que había 100 bolas rojas en una caja y 200 en otra caja y preguntaba de qué caja era más fácil sacar una bola roja…– su madre seguía removiendo el café por pura inercia –¿y de cuál era más fácil sacar la bola roja?– el niño respiró profundamente… –de las dos, porque saques la bola que saques, sacas una roja pero luego dijo que con las 100 bolas rojas había 20 blancas y con las 200 había 35 blancas y entonces ya...- se encogió de hombros –entonces tienes que calcular la proporción y así ya sabes de cuál es más fácil sacar la bola roja-.

Vale– dijo su madre encaminando ya la explicación –entonces la posibilidad de que saques una bola roja de cualquiera de las cajas no depende solo de cuántas bolas rojas haya sino de cuántas bolas hay también de otros colores ¿no?– el pre adolescente asintió y antes de que saltara diciendo que era domingo y no tocaba clase de matemáticas ella remató la explicación –pues con los casos de coronavirus es igual, Ramón, en Estados Unidos tienen casi un millón y medio, nosotros muchísimos menos pero ¿cuánta gente vive en Estados Unidos y cuánta en España?– el pequeño se rascó la cabeza… –en España 47 millones pero en Estados Unidos… no lo sé… pero sé que es casi como un continente– en esta ocasión fue ella quien asintió –así es, en Estados Unidos viven más de 300 millones de personas así que es casi tan fácil (o tan difícil) cruzarte con una del millón y medio de personas que tienen coronavirus allí como aquí con uno de los doscientos y pico mil-.

Ramón se levantó de la mesa murmurando un –vale, ya lo entiendo– pero no parecía en realidad muy convencido, iba ya camino de la puerta de la cocina cuando giró sobre sus talones y expresó sus dudas –pero mamá… entonces en la tele no lo han explicado bien– ella sonrió y se congratuló de que el pequeño hubiese caido en la cuenta pero no estaba dispuesta a desviar la atención de la importante clase de vida y matemáticas que acababan de compartir –bueno– le dijo –por eso es tan importante tener buena comprensión lectora, para entender bien lo que lees y lo que escuchas y espíritu crítico para no conformarte con lo que escuchas y lo que lees… pero esa es otra historia-.

Cuando ya daba el tema por cerrado el pequeño pre adolescente sacó su propia conclusión –pues la vida es como un problema de matemáticas, tienes que entender bien el enunciado y asegurate de que no te sisan ningún dato… ¡sino no lo resuelves ni a tiros!-.

Se le atragantó el último trago del café con ese ‘a tiros’ pero reconoció que el adolescente estaba cargado de razón –¿es o no es útil leer y saber matemáticas?– le preguntó… –¡lo más!– respondió Ramón sin dudar –pero me siguen gustando más las ciencias– cuando se dibujó en su cara una sonrisa traviesa su madre ya supo por donde iba a salir… –¡y jugar al Fornite con amigos!-. Todavía sonaba el eco de su voz en la cocina cuando Ramón corría por el pasillo hacia su habitación para conectarse…

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