Lo todavía no visto.

Érase una vez la historia de lo visto, lo todavía no visto y el síndrome de Alicia en el País de las Maravillas.

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El mundo visto a través de los periódicos y las televisiones, de las conversaciones con los vecinos o entre madres a la puerta del colegio le parecía cada vez más surrealista y la dejaba siempre con la misma duda ¿era ella quién padecía el síndrome de Alicia en el País de las Maravillas* o eran los demás? Si se confiaba en la historia del susodicho síndrome debía creer que era ella quien lo padecía pues a lo largo y ancho de la historia se habían documentado muy pocos casos, en cambio si se decidía confiar en la psicología podía concluir que eran los demás los enfermos porque la opinión de la mayoría no tiene por qué ser la verdad.

Acerca de esas y otras distorsiones caminaba hacia el museo dispuesta a recrearse en el surrealismo más artístico y quién sabe si también el más realista, el de Magritte; sonrió ante el cuadro de la pequeña cama junto al pequeño armario con un gran peine y una gran brocha de afeitado y una grandísima copa… lo cierto es que en aquel lienzo solo faltaban Alicia y el conejo de la prisa; vio señores con paisajes dentro, autorretratos en los que la cabeza era solo una idea, una luz, una mujer perfecta que se confundía con el paisaje y otra cuya sombra era como una escultura griega; vio a la torre de Pisa sostenida por una pluma, barcos integrados en el mar, cielos descompuestos en cubos… Vio la realidad a ojos de Magritte, un tipo que decía que el surrealimo era dejar de ver lo ya visto para ver lo todavía no visto.

Era precisamente eso, lo todavía no visto, lo que la inquietaba porque ¿y si el síndrome de Alicia no era tal cosa sino simplemente el modo de descubrir lo todavía no visto? ¿Y si lo que a ella le parecía surrealista era solo otro modo de ver la realidad y no de distorsionarla?.

En realidad no lo sabía… no sabía siquiera si aquella exposición daba respuesta a sus preguntas o sólo le generaba más dudas y por eso dejó que sus pies la llevaran a su sala favorita del museo, la que guardaba los cuadros de Degas, Renoir, Vang Gogh, Pisarro… la bailarina de Degas y el jardín de Renoir, la lluvia en el corazón de París y los descargadores al atardecer cayeron sobre su ánimo como un manto de belleza y paz que arrinconó todas sus inquietudes al tiempo que pintaba una sonrisa en su rostro… Todavía quedaba belleza en el mundo.

*Síndrome de Alicia en el País de las Maravillas: se trata de una enfermedad neurológica que provoca que los objetos sean vistos más grandes o más pequeños de su tamaño real por parte de quienes la padecen; se llama así en honor a Lewis Carroll, autor de Alicia en el País de las Maravillas que padecía esta enfermedad.

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