Español.

Érase una vez la indignada historia de un viejo filólogo español que recibió a sus nietos el día de la Hispanidad fumando en pipa.

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Rodrigo, un viejo ratón de biblioteca, hombre de muchas letras y lecturas, fumaba en pipa aquel domingo y el humo parecía salirle a la vez por la boca, la nariz y las orejas, incluso por las cuencas de los ojos, una cuencas pequeñas y acosadas por las arrugas pero en las que todavía brillaba la luz de una pupila ya cansada que había visto mucho. Y es que el viejo Rodrigo no ganaba para disgustos…

Se había levantado de buen ánimo porque, ya fuera casualidad, el veranillo de San Miguel o que el santo de turno se hubiera apiadado de él, su vieja pierna no le dolía como en los días anteriores, además esperaba visita y eso era siempre una buena noticia. O casi siempre. El primero en tocarle el alma y el español había sido su nieto mayor, un tipo también leído y estudiado pero, según pensaba Rodrigo y le decía incluso sin pudor alguno, falto de miras (o de luces largas, añadía con tono jocoso, burlándose así de las frases hechas, insentamente repetida por unos y otros políticos); estaban sentados en la biblioteca y a los 10 minutos de conversación el viejo Rodrigo se había levantado, había abierto un cajón del mueble que estaba bajo una copia de un cuadro de Magritte y había sacado su pipa; ‘esto sí es una pipa‘ le había dicho a su nieto mientras se preparaba para fumársela.

Español, lo español, España, el español, la patria, la historia, el imperio… de todo ello hablaba su nieto sin apenas tomar aire y lo hacía en una biblioteca cuyas estanterías de suelo a techo estaban repletas de volúmenes en los que la historia de España, del español y de su literatura eran la temática más repetida… ¡y la puta casualidad!* interrumpió estrepitosamente Rodrigo a su nieto, quien frenó en seco su lengua porque conocía bien a su abuelo y sabía que cuando soltaba un ‘puta’ o ‘putada’ actuaba como si Cela en lo literario y Fernán Gómez en lo declamativo se hubieran adueñado de su espíritu.

La puta casualidad sí, se explicó Rodrigo, la puta casualidad de haber nacido en España y en español, eso también es importante, sí, sin esa casualidad ni España sería tu patria ni el español tu lengua y su historia la tuya…. bla bla bla… Hizo un silencio que su nieto aprovechó para responderle en tono sumiso pero resuelto: abuelo, a veces pareces de izquierdas… Rodrigo dio una profunda calada a su pipa, soltó humo hasta por las orejas y dijo utilizando un tono serio que no admitía réplica: yo no tengo ideología, querido, tengo biblioteca**.

Cuando su nieto pequeño se pasó a verlo un rato más tarde no pudo menos que preguntarse cómo carajo los había educado su madre; el joven se había sentado, por no decir recostado, en el sillón junto a la ventana y le estaba soltando un responso que sin duda pensaba que sería de su agrado ¿qué mejor que hablarle a un filólogo retirado de lenguas? debió pensar, y ahí estaba, soltándole un rollo acerca de las lenguas ‘minorizadas’ y de las que ni siquiera tenían consideración como tales, del abuso del español, de lo malvado de su historia… Rodrigo se alegró de no haber soltado su pipa entre visita y visita.

Si no tiene consideración de lengua igual es porque no lo es; el nieto abrió la boca para poner palabras a su indignación pero su lengua se negó a pronunciar nada, quizá porque era más lista que su cerebro y sabía que no era cuestión discutir de lenguas con un filólogo; un habla es un habla, un dialecto un dialecto y una lengua una lengua, apostilló Rodrigo, déjame que te explique algo, añadió.

¿Recuerdas a los Rodríguez de la Dehesa? Le preguntó al muchacho, él asintió con la cabeza por toda respuesta; seguro que también recuerdas lo que hicieron… Eran una familia terriblemente rica, tenían dinero para asar una vaca, para vivir de las rentas durante generaciones… si no fuera porque lo dilapidaron todo en una generación; su nieto conocía bien la historia, recordaba los coches de lujo que entraban y salían de la finca de sus vecinos, el tren de vida que llevaban, como habían ido vendiendo todo el patrimonio y como un buen día les habían embargado la finca, la casa y todas las obras de arte que guardaban en ella. Lo que no entendía era qué tenía que ver aquello con lo que estaban hablando… Claro que ahí estaba su abuelo, el viejo Rodrigo, para explicárselo.

Eso, querido mío, es lo que hacen quienes quieren convertir hablas en lenguas o quienes quieren convertir ricas lenguas regionales en las grandes lenguas que no son porque sus hablantes no han querido que lo sean; lo que hacen es dilapidar su herencia porque eso es el español para todos los que lo tenemos como lengua materna, es nuestro patrimonio, nuestra gran riqueza, una de las lenguas con más ricas del mundo, con más hablantes del mundo, con una de las literaturas más deliciosas del mundo… y la tratan a patadas.

Rodrigo se acercó a la ventana, respiró hondo y miró de nuevo a su nieto; pero te diré algo, olvidan que las lenguas no nacen por razones culturales sino de utilidad ¿por qué crees que en México, en Perú o en Argentina hablan español? ¿Porque les obligó Colón a punta de bayoneta? No… lo hacen porque les resultaba útil a todos ellos ¡y no me vengas con genocidios ni gaitas! ¡para genocidio el de los piratas ingleses en el norte! ¡leed un poco carajo! ¡que sois como hojas en blanco en las que los listos de turno escriben lo que les sale de los cojones y ahí queda, como si fuera cierto porque no sabéis nada!***

Si hubiese habido alguna mosca en la habitación se hubiera podido oir su zumbido como si sonase por un altavoz dolby surround; el viejo le dio una calada a la pipa, miró la cara encendida de su nieto, rojo como un farolillo, y abrió el mueble bajo de su escritorio; sacó su cofre secreto en el que había una botella de brandy de Jerez y sirvió dos copas; su nieto sonrió con placer al sentir el licor en su boca y también Rodrigo, que brindó para sus adentros por el futuro que iba a tener la suerte de no vivir…

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* Schopenhauer dijo que todo imbécil execrable qu eno tiene en el mundo nada de lo que pueda enorgullecerse, se refugia en el este último recurso de vanagloriarse de la nación a la que pertenece POR CASUALIDAD.
**Frase de Arturo Pérez Reverte no en una entrevista sino en varias.
***Idea expuesta por Juan Carlos Girauta en una entrevista (ser como hojas o libros en blanco en los que cualquiera puede escribir cualquier cosa).

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