DANA.

Érase una vez la historia de una dana que emulaba al diluvio universal recordándonos que hubo un tiempo en el que Noé tuvo que construir un arca...

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No había oído hablar de más DANA que de la que había ganado Eurovisión para Israel cantando aquello de ‘Viva la Diva, viva Victoria, Cleopatra…‘ pero ahora había DANAs en todas las noticias y ni se apellidaban Internacional ni lucían un aspecto sofisticado sino más bien todo lo contrario, eran algo así como el diluvio universal.

La DANA era la gota fría pero no… o sí, el caso es que el nombre más correcto era DANA aunque la RAE no lo recogiera ¡albricias! no lo recogía porque DANA no era una palabra sino un acrónimo que seguro que para un meteorólogo tendría un significado muy claro: Depresión Aislada en Niveles Altos, traducción: el resultado de un frente de aire polar frío (corriente en chorro) que avanza lentamente sobre Europa occidental a gran altura (normalmente 5-9 km) y que, al chocar con el aire más cálido y húmedo del Mar Mediterráneo, genera fuertes y dañinas tormentas. (Gracias, Wikipedia).

Eso era lo que estaba viendo por televisión, las fuertes y dañinas tormentas que alardeaban de su presencia de un modo descarado y destructivo, irreverente, despiadado, insidioso… lo cierto es que así vistos sus efectos le extrañaba poco que en antiguas civilizaciones se consideraran tamaños eventos meteorológicos como castigos del más allá a los que viven más acá.

Las imágenes eran sobrecogedoras, casi increíbles ¿cómo imaginar la desazón, el disgusto y el miedo que debían sentir quienes veían sus casas destruidas por el agua y sus coches navegando por las calles a merced de una riada? ni la simpatía de Adam Smith alcanzaba a dar buena cuenta del inmenso agujero negro que se siente por dentro cuando uno, ante tamaño despropósito, se mira las manos y descubre que eso es lo único que le queda para empezar de nuevo, sus manos vacías… y todavía tiene que dar gracias porque le quedan manos y vida para usarlas.

Miró hacia el cielo y se preguntó si Zeus, dios de la lluvia y el trueno, lo era también de las DANAs y las gotas frías, supuso que sí, al fin y al cabo era un dios de dioses, claro que de poco o nada servía mirar al cielo y cagarse en dios… aunque fuese un dios griego.

Cerró los ojos pero seguía visualizando aquellas imágenes catastróficas, sintió el frío en la piel, el vacío en el alma, el hedor del miedo y la angustia intensa y profunda que sólo se experimenta ante lo irremediable y lo inabarcable, pensó que si Stendhal había desfallecido ante la belleza de Florencia cualquiera podría desfallecer ante el desastre de la DANA de turno.

Dejó sus elucubraciones y miró de nuevo hacia la televisión, las imágenes eran tan impactantes como cinco minuto antes pero ahora veía a los bomberos y a los equipos de la UME y no pudo evitar volver a sus ensoñaciones, tal vez el propio Zeus, arrepentido por el castigo devastador que había enviado a la tierra, enviara también a sus héroes para paliarlo…

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