Celebrity.

Érase una vez la historia de una o dos reflexiones al vuelo a cuenta de una pequeña que soñaba con ser celebrity.

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La primavera se mostraba tan revoltosa como siempre había sido y como sería siempre porque en su afán por unir el invierno con el verano en lugar de caminar cada vez más lejos del primero y más cerca del segundo, daba tres pasitos hacia delante y dos para atrás o a la inversa y el resultado era lo que había ocurrido aquella semana, tras varios días de revolver a toda prisa en el armario buscando prendas ligeras y calzado de verano, el sol se escondía tras las nubes, las temperaturas bajaban y tocaba rebuscar de nuevo tratando de encontrar alguna chaqueta que la salvara del frío… Claro que el avance de la primavera era, aun con todas sus inconsistencias, inexorable y nadie, después de días de sol y calor, estaba dispuesto a quedarse en casa por un grado más o menos. Ella tampoco.

El parque estaba lleno de gente que iba y venía, abuelos que paseaban cogidos del brazo, niños que jugaban a la pelota, runners que trataban de dar un empujón a su operación bikini, amigos de las bicicletas, mascotas de todo tipo, mucha gente en el teatro de títeres, las terrazas llenas e incluso algunos valientes remando en barca.

Ella optó por desayunar al aire libre disfrutando del rayito de sol que iluminaba la mañana de domingo y lo hizo echando un perezoso vistazo al periódico, lo cerró cuando vio la foto de una mujer muy embarazada y un escrache, detestaba las noticias que demostraban lo poco dispuestos que estaban algunos a respetar la libertad y la opinión de los demás. Le pareció más edificante, al menos en principio, dejar que la conversación que mantenía una familia en la mesa de al lado llegara a sus oídos…

¿Y tú qué quieres ser de mayor?– preguntó una mujer que lucía ya canas en su corta melena… -¡yo, famosa!– gritó la niña que se sentaba junto a ella –¿y por qué serás famosa?– quiso saber la mujer –ah…– balbuceó la niña –¡pués porque quiero!– respondió como si lo estúpido fuese la pregunta y no su respuesta, la abuela sonrió mientras otra mujer con la que compartían mesa (bien pudiera ser la madre de la niña) arqueaba una ceja -no me refiero a eso- sonrió paciente la abuela explicando su pregunta –sino a qué es lo que te hará famosa ¿serás una actriz famosa? ¿escritora? ¿científica?…– la niña rió con desdén, como si tal explicación no supusiera nada para ella -¡eso no importa!- respondió resuelta –¡por salir en la tele! voy a ser una celebrity…-.

Se levantó dejando a la pequeña familia atrás, terminado su desayuno, lo hizo sin querer saber más y sintiéndose terriblemente incómoda… ¿qué clase de sociedad estaban creando? ¿una en la que la libertad de algunos justificaba la falta de respeto a la libertad de los demás a golpe de escrache? ¿una en la que la fama era un valor y no el reconocimiento merecido por un mérito previo? ¿habían matado la meritocracia para dejar reinar a la mediocridad? ¿esforzarse, aportar algo a la sociedad en la que se vive era una idea retro y vintage por no decir vieja e indecente? ¿era eso? pensó que tal vez se estuviera haciendo vieja…

O tal vez la raíz del asunto no fuera tanto su madurez que, al fin y al cabo, alguna enseñanza habría traído consigo, sino la información y la formación incompleta y revuelta que se servía como menú del día en colegios y televisiones, tal vez el imperdonable error que estaban cometiendo era no explicar a niños pequeños y niños grandes que los derechos de los que disfrutan, los que exigen, de los que se sienten dueños… esos derechos no han caído del cielo, no caen del cielo cada día, no nacen bajo el brazo de cada bebé, los pagamos entre todos cada día y todos tenemos el mismo derecho a disfrutarlos.

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