Campaña.

Érase una vez la historia de una campaña que, como toda la publicidad, coqueteaba con los límites de la verdad corriendo siempre el riesgo de traspasarlos...

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Caminaba por la acera como si fuese mamá pata con sus patitos siguiendo sus pasos y, a vista de pájaro, descubrió una mesa libre en la terraza junto al kiosko de prensa, a medio sol… era perfecta así que dirigió hacia allí a su prole, una prole de dos, Mario con su caja de dinosaurios en las manos y Ana con un libro de colorear y su estuche de pinturas, él quería ser paleontólogo y ella artista. Se acomodaron en la mesa, Mario esparció sus dinosaurios sobre ella para empezar a jugar y Ana abrió su libro y su caja de pinturas para terminar de colorear un bonito mandala, su madre pidió chocolate con churros para los tres y, sin quitar ojo a su par de retoños, se hizo con una revista de estilo de vida en el kiosko de prensa, tenía por costumbre abstenerse de la prensa de actualidad en tiempo de campaña electoral así que ni tan siquiera revisó los titulares de los periódicos, disfrutaría de su revista.

Pasaron un rato divertido cada uno a lo suyo alrededor de la misma mesa y saboreando cada bocado de churro con chocolate, Mario regaló a su camisa nueva dos lamparones que su madre limpió como pudo y Ana logró mantener limpia su ropa pero su carita parecía un cuadro de Miró… Su madre estaba ayudándola a limpiarse cuando la niña preguntó ‘mamá, ¿qué es una campaña?‘.

Pues verás– respondió su madre cogiendo su revista de estilo de vida, –una campaña es lo que se hace cuando se presenta un nuevo producto, una nueva colección de moda, un perfume, un nuevo coche… ¡lo que sea!– pasó al vuelo algunas hojas de su revista y le enseñó a la niña las imágenes de las campañas de Navidad, había de todo un poco, algunos perfumes clásicos y otros nuevos, colecciones de maletas, también de bolsos, bicicletas de diseño… –pero no tiene por qué ser una cosa nueva ¿no, mamá?– preguntó la niña ante la imagen de la nueva campaña del perfume Chanel n5 que la pequeña veía en su tocador de su madre desde que tenía memoria –no– respondió su madre –no tiene por qué ser un nuevo producto, es verdad, lo que sí suele ser nuevo es la campaña para tratar de sorprendernos y enamorarnos…-, –¡y que lo compremos!– interrumpió el pequeño Mario que parecía absorto en sus dinosaurios pero que, en realidad, no se perdía ni una coma de la conversación que mantenían su madre y su hermana –eso es– confirmó sonriendo su madre.

¿Y las campañas de los políticos qué?– preguntó Ana colocando sus brazos en jarras y sin acabar de entender qué querían los políticos que ella comprara, Mario permaneció pensativo y su madre, tras mirarlos a ambos y encogerse de hombros respondió –exactamente lo mismo, querida, sólo que en lugar de ofrecerte un producto para que lo compres te cuentan sus ideas para que les votes-.

Ana se rascó la cabeza y dijo… –mamá, siempre dices que hay que tener cuidado con la publicidad, que a veces dice cosas que no son del todo verdad como los quitamanchas esos que nunca quitan las manchas de cereza ¿con los políticos es igual?-.

Bueno… dijo su madre eligiendo sus palabras con sumo cuidado para no ensuciar la mente de sus niños –lo cierto es que, especialmente cuando están en campaña, los políticos hacen como la publicidad, sí, tratan de decir lo que queremos oír para convencernos de que los votemos, por eso es muy importante estudiar y leer, estar al tanto de las noticias y de la historia… ¡para que no nos la cuelen! pero a vosotros dos os falta mucho para poder votar así que, venga ¡al parque!-.

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