El corazón de piedra verde.

"Una historia de intriga y aventuras con la reflexión sobre el Descubrimiento como telón de fondo".

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Jade verde. Verde puro. Jade puro. Tal vez una de las piedras más simbólicas que podamos encontrar. Una piedra de culto que en las civilizaciones precolombinas significaba vida, poder y fertilidad. Una piedra mágica que suelo llevar pegada al corazón y que rara vez aparto de mi lado. La misma piedra que intuyo como la elegida por Madariaga para dar título a una de las novelas históricas más impactantes que he tenido entre mis manos, El corazón de piedra verde.

Aunque desconozco los auténticos motivos que llevaron al autor a escoger tan sugerente título, me gusta pensar que fue precisamente la magia del jade, su magnetismo, lo que le indujo a relacionar la piedra con su obra, cargándola así de un significado alegórico directamente proporcional a la envergadura de la historia. Eso y el fascinante escenario azteca donde se desarrolla esta magnífica e inmensa novela. La primera de una saga inconclusa que Madariaga agrupó bajo el título Esquiveles y Manriques. Un ambicioso proyecto que pretendía narrar la aventura americana de dos familias españolas a lo largo de un amplio contexto histórico y temporal que abarca los siglos XVI, XVII y XVIII. Guerra en la sangreUna gota de tiempoEl semental negro y Satanael continuaron la leyenda hasta que la muerte sorprendió a Salvador de Madariaga, dejando el propósito inacabado.

Todo comienza en el Méjico precolombino poco antes de la llegada de Hernán Cortés. Corría el año 3-Cuchillos de la era azteca –1500 de la era cristiana– cuando nace Xuchitl, la hija favorita del rey Nezahualpilli. Preciosa, por cierto. Una “muñeca de cobre vivo” inmediatamente consagrada a los rituales de una tradición ancestral dirigida a protegerla. Pero las profecías son las profecías y no hay magias ni dioses que puedan evitarlas…

Por otro lado y pocos años antes, concretamente el primero de enero de 1492 (el mismo día que caía Granada en poder del Rey Católico), llegaba al mundo el primogénito de D. Rodrigo Manrique, señor de Torremala, en una España convulsa donde moros, judíos y cristianos sembraban de batallas, conquistas y reconquistas todo el territorio. Manuel le llamaron.

El jade llegó después. Como el amor. Y las aventuras. Los contrastes, las diferencias, las similitudes, los excesos de unos y otros. Las religiones, los rituales, los conceptos antagónicos (o no tanto). Las intrigas, las traiciones. Cortés, Colón o Moctezuma son algunos de los personajes reales que desfilan por sus más de 900 páginas, aunque he de confesar que fueron el magnetismo y la enorme personalidad del rey Nezahualpilli los que me cautivaron desde los primeros párrafos.

Como siempre, no os quiero contar más. Nada más lejos de mi intención que desvelar los enigmas de una magnífica obra que, además de hacernos disfrutar con las hazañas de sus protagonistas, nos traslada a una época histórica espectacular, misteriosa, única y nada menos que de la mano de Madariaga. Un escritor excepcional cuya prosa excede cualquier calificativo imaginable. Leed. Solo leed. Y veréis…

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