Apocalipsis y evasión fiscal en la moda.

Edelkoort, Westwood y París en el ojo del huracán.

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Celebrities, bloggers, it-girls, it-boys, it-madurit@s, influencers, y todos los demás anglicismos, con sus correspondientes fotógrafos particulares, que, a día de hoy, quedan recogidos en la Real Acadamia de la Moda. La mitad de ellos han estado durante esta semana bajo las faldas de McCartney, Givenchy, Chloe, Kenzo y demás diseñadores y casas importantes de la industria con motivo de la Mercedes Benz Fashion Week París, convirtiéndose en el ojo del huracán de todos los fashion victims que no han querido perderse ni un solo plato, postre, bebida y, por supuesto, modelitos para sentarse, o no, en el front-row de los grandes privilegiados que han podido acudir a los desfiles y conocer las colecciones para el próximo otoño-invierno 2015/2016.

A esto, que por supuesto ha ocupado todas las webs y revistas especializadas, de ahí que no vayamos a darle más vuelta al asunto, hay que sumarle el ‘fin del mundo’ vaticinado por Lidewij Edelkoort. Su pronóstico devastador fue presentado en Design Indaba, en Ciudad del Cabo, donde la experta analista aseguraba que este fenómeno, que a día de hoy conforma el sector nombrado en la primera línea de este texto, se ha convertido en una tomadura de pelo: ridícula y patética. Y así de ancha se quedó al afirmar que el miedo a lo nuevo y la obsesión constante por crear monstruitos que den imagen a la moda le han hecho perder valor.

Y, como punto fuerte y para culminar el panorama, una magnífica tormenta de evasión de impuestos para refrescar el ambiente. La acusada es Vivienne Westwood y el motivo es el de ocultar a Reino Unido alrededor de 500.000 libras al año a través de una sociedad en Luxemburgo a la que la diseñadora punky desvía algo así como 2 millones de libras anuales.

¿Alguien capaz de dar más?

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