Wonderful Loff.

Vestir un sábado otoñal de primavera, ese era su pequeño regalo del día y el día acompañaba...

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Vestir un sábado otoñal de primavera, ese era su pequeño regalo del día y el día acompañaba… Cielo azul con pinceladas de nubes altas y cálido sol …

Cómoda con sus vaqueros, camiseta y pelo anillado, llegó pronto al Jardín de Sorolla… El tiempo parecía haberse detenido mientras la mañana se escurría entre sus dedos… deleitándose con los colores y aromas de las flores, disfrutando su a veces suave y otras rudo tacto al construir un bouquet. De siempre le habían encantado los jardines con sus flores … eran para ella la mejor metáfora de la vida … vivir para deleitar y brillar, aromatizar y endulzar … antes de marchitarse y dejar paso a nuevos brotes.

Con el encanto en la piel que le dejaba siempre el jardín, y tras haber colocado su bouquet en el salón, se preparó para un art the moment especial … viejos amigos y una galería de arte … vestido sexy, bolso de letras, sus letras, y la mejor de las sonrisas – ¿dónde andas? – preguntaba él desde algún rincón del mundo … ella sonrió, sentía su abrazo y su aliento en cada mensaje … y no había día sin abrazo ni aliento … le mandó un beso y se lanzó de nuevo a las calles, esta vez con el pelo al viento y con ella y él perfectamente anudados alrededor de su muñeca …

Tras recorrer la exposición, degustaba un gin tonic sentada casi con reverencia sobre una butaca a medio camino entre lo vintage y lo moderno, se sentía feliz entre amigos pero la noche no tenía la magia de antaño, se decía … aún cuando sabía que la magia no era de la noche ni del día … era de su sentir amante, acompañado sólo de lejos … en esto pensaba dejándose llevar por Black y su Wonderful Life cuando sintió que aquella lejanía se disipaba en el aire …

Fue uno de esos momentos en los que las emociones se adueñan de la voluntad, esos en los que el deseo se impone al quiero o al debo porque la pasión se desata … y así, antes de que él la hubiese apenas descubierto entre la gente y sintiéndose como una bailarina con su mimo junto al Sena, se colgó feliz de su cuello … Cuando ese momento de breve y deliciosa locura estaba a punto de romperse, él le impidió alejarse un palmo de sí mismo y la besó rubricando así sus intenciones … – será el perfume – bromeó el camarero tras la barra – el de ella o el de él – añadió pícaramente inquisitivo … – eso, ella no lo confesará jamás … – respondió él sonriendo …

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