Que paren el mundo…

Parafraseando a Groucho... ¡qué paren el mundo! ¡nos bajamos!

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Parafraseando a Groucho

Entró en casa como una exhalación, dando un portazo, taconeando con fuerza, haciendo volar el bolso hacia el sofá, apagando el móvil que no dejaba de tintinear y vibrar, con el rostro encendido, el gesto torcido, las gafas doradas en la cabeza y los ojos grandes como los que hacen pensar en miradas que matan…

¡Qué paren el mundo! – exclamó él – ¡nos bajamos!

Ella se bajó entonces de sus tacones dejándolos abandonados en un rincón, sin ánimo, ganas ni intención de recogerlos como tampoco recogería el bolso del sofá, el móvil de la entrada, la chaqueta de la silla del comedor… Obvió el comentario de él pues estaba demasiado ocupada soltando lastre, como si liberar su cuerpo de accesorios pudiera liberar al mundo de seres de ideas inútiles y peores intenciones.

Bebamos, querida – dijo él tendiéndole una copa – hagamos más interesantes a las personas.

¿Te apetece escribir una novelita rosa? – le preguntó ella con profundo sarcasmo e ironía, él la miraba con cierta estupefacción intuyendo a qué se debía la retórica pregunta – verás, es lo que se lleva ahora, una novelita rosa llena de romanticismo y alguna pincelada histórica, nada profundo ni estudiado… eso vende ¿te animas?

Pueden parecer idiotas y actuar como idiotas – dijo mirándola con gran seriedad – pero no te dejes engañar… son realmente idiotas.

He tratado de ser amable, de no resultar en absoluto agrevisa ni negativa, les he dicho que seguro que encontrarán a alguien a quien le apetezca y venga bien un proyecto así, alguien con cierto gusto por la historia y que sepa hilar un buen relato de aromas envolventes en ella, pero que yo estoy ahora en otras cosas, cosas que probablemente sean menos comerciales pero que estoy segura de que tienen también su interés, por supuesto me entendían…

Claro que te entienden, hasta un niño de cuatro años podría entenderlo… – exclamó él emocionado – ¡qué les lleven a un niño de cuatro años!

Pero debería pensar en ello… porque ellos son quienes saben lo que interesa, los escritores vivimos al margen de la realidad, la sobrevolamos pero no la tocamos… incluso lamentaban ser tan claros conmigo pero sabían que yo valoraría su honestidad…

Sin duda! el secreto del éxito se encuentra en la sinceridad y la honestidad… si eres capaz de simular eso, lo tienes hecho.

Y no lo he simulado… se lo he arrojado a la cara descarnadamente asegurándoles que no iba a escribir folletines de vaqueros, a lo que respondieron que lamentaban que mi talento acabara perdiéndose por el poco valor que doy a sus consejos y mi terquedad personal…

Oh!!! – exclamó con fingido estupor – ¡que paren el mundo que me bajo!

¡Esa ya la has dicho! – le increpró ella riéndo y tirándole al tiempo un cojín… – ¡cierto! – reconoció él… – busquemos una mejor despedida para tu lamentable encuentro, una más formal y adecuada, más políticamente incorrecta que Groucho incluso…

Lamento defraudar sus expectativas, estoy demasiado ocupado cumpliendo las mías.

Y que no esperen de mi nada más que eso – añadió con absoluta convicción – aborrezco la desidia y detesto la soberbia… voy a pelear por lo que quiero y por lo que creo… ¡hasta que reviente!

Él soltó una sonora carcajada feliz ante su enérgica y desatada pasión – ¡a las trincheras! – gritó recordando El Padrino y desatando definitivamente una guerra de cojines que acabó del único modo en que pueden acabar las guerras de cojines, un viernes tarde tras una copa…

Life Looks Good

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