Sé lo que quiero.

La observaba y se daba cuenta de cuánto y cómo había crecido... y no sólo por los palmos que levantara del suelo, era el gesto, la expresión...

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Sonaba un repiqueteo continuo e in crescendo en la puerta y, no sin cierta pereza, él se acercó a abrirla mientras ella, en duermevela todavía, intentaba desperezarse y componerse. Su sobrina, la joven adolescente no que sabía pasear el mundo sin pisar sus calles, entró como una exhalación trayéndola de golpe y casi porrazo a la realidad de una temprana mañana de domingo, ante la mirada atónita y mueca burlona de él… que se escabulló al salón.

¡Qué no sé lo que quiero dice! ¡qué no sé lo que hago! – la joven gesticulaba con grandes aspavientos como queriendo hacer así mayor el pecado de su madre – ¡lo que le pasa es que no quiero hacer siempre lo que ella quiere! ¡ni como ella quiere! ¡eso es lo que pasa!alto ahí – la frenó su tía en un sólo gesto y dos palabras… – nos vamos a ir a la cocina, voy a preparar café, te vas a empezar a calmar y vamos a hablar con tranquilidad ¿te parece? – y ambas se encaminaron a la cocina y el café.

Cuando el murmullo de voces se escuchaba sembrado de sonrisas él se unió a la conversación – Tengo una pregunta para ti – afirmó dirigiéndose a la adolescente que entrara en su casa como un viento desbocado; se acomodaron en el salón, ella como mera observadora pues sabía bien de la capacidad de él para llevarte a la realidad y su reflexión, para enfrentarte contigo… – ¿Qué es lo que quieres? ¿qué es eso que tienes tan claro y nadie parece entender, salvo tú? -.

La joven cambió el gesto… se levantó de la alfombra sobre la que se había sentado y se acercó a la ventana… Ella la observaba y se daba cuenta de cuánto y cómo había crecido su sobrina y no sólo por los palmos que levantara del suelo, era el gesto, la expresión, la convicción en su mirada… y entonces la joven habló…

Lo que quiero es vivir… al menos un poco… estoy cansada de que todo sea un «tener que», no tengo tiempo para nada, sólo para todos los «tienes que»  – hablaba como ausente, como si estuviese respondiéndose a si misma más que a él, ella no se atrevía a interrumpir su divagar pero él quiso llevarla de nuevo hacia sí misma, hacia dentro – y si tuvieses ese tiempo… ¿qué harías entonces? – una sonrisa se asomó a sus labios

– Quiero este verano para mi, no quiero viajes de estudio ni cursos de inglés… – afirmó con la convicción que su tía había descubierto en sus ojos minutos antes – quiero vivirlo en la carretera, en chanclas y pareo, en la playa, en el mediterraneo, a la orilla del Tirreno… y guardar los libros en un baúl; quiero oler a Grasse bajo el sol y a nocturnidad y alevosía con la luna, pintarme las uñas de los pies, calzarme unos tacones y desayunar mermelada… sombrearme los ojos, vestir de blanco, sentarme en una alfombra azul y comer salmón y chocolate… quiero que no me importe qué hora es, happy mondays, darle caña al ipod… y… bueno… – dudó si continuar la enumeración de gustos que anhelaba concederse, miró hacia sus tíos y descubrió en ambos una expresión tan relajada y alegre que no pudo evitar confesarse del todo – ¡y quiero beberme una copa! ¡y un poco de sal y pimienta en mi vida caramba!

La risa en sonoras carcajadas invadió entonces el salón – tú lo que quieres, pequeña –  resumió él – es una vida loff.it… y, créeme… confía en ti, escúchate, no te dejes llevar sin más por nada ni por nadie, sin escuchar y escucharte, sin pensar… y la tendrás.

Life Looks Good

 

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