Pasiones.

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Se acercó a la galería abrazándose a sí misma y su jersey, como protegiéndose del frío que no podía colarse por las ventanas cerradas … y se quedó allí, de pie … mirando la lluvia caer, escuchando el ulular del viento, sintiendo el aroma a tomillo y lavanda envuelto en el incienso de su esfera que la transportaban lejos … a una primavera eterna de campos verdes y flores silvestres, luminosa y brillantemente viva …

Descorchó un vino … pensando en ahogar su tristeza en una copa, sólo una … se aseguró además de que el resto de la botella pudiera ser igualmente disfrutado, copa a copa, en los días venideros …

Mientras saboreaba el aroma del vino y sentía la caricia de su gusto, pensaba … porque para eso era su copa única … para relajar los sentidos, acomodar la tristeza y pensar sin sentir demasiado … pensaba que el amor es caprichoso y juguetón, a veces gamberro e incluso malvado y maligno otras tantas ocasiones … lo que no es, nunca, es fácil.

Aunque, quizá, no fuese tanto cosa de los sentires amatorios como de sus artes y de quienes las despliegan … y ahí llegaba al punto que la había llevado a su copa de vino … bajó la luz y se recostó en el sofá jugueteando con las bolas de madera de su collar mientras, de fondo, sonaban los primeros acordes de king of pain y se dejaba a acariciar por la voz de Alanis …

Se había acabado aquella historia de amores perdidos y corazones rotos, de incomprensiones y malentendidos … se habían mirado a los ojos y sentido su pasión … sus pasiones … pero ¿qué hacer cuando la pasión por tu vida te lleva en la dirección opuesta a la que marca otra pasión … la del corazón? ¿qué podía hacer ella si su corazón volaba a África, junto a él, mientras sus pies permanecían anclados a Madrid … y, aún cuando se alejaba, la traían de vuelta sin equivocar el destino?

Y es que era el suyo un corazón negro … discretamente impetuoso y pasional, curtido en mil batallas africanas, a su lado y junto a su pasión por construir con sus manos esa oportunidad perdida que, quienes han nacido en un lugar abandonado de la buena suerte, no logran encontrar; pero su alma … su alma no había dejado nunca de ser urbanita … pasear una ciudad, andando o incluso en bicicleta, un día cualquiera … y encontrarse la mirada de Ernesto Bazán, en blanco y negro, junto al glamour rescatado de los años 30, la emoción de una gota de perfume frente a Deineka en grises o en pastel … o la sensual reinvención del british más clásico para el interior más secreto …

Sensaciones encontradas, aparentemente opuestas … que encajaban a la perfección en su sentir más íntimo … y es que somos lo vivido …  recordó … y lo vivido es lo sentido, lo que queda de tí tras todas las sensaciones y emociones que te han recorrido por dentro y por fuera y vuelto tantas veces del revés … – pero eso es hoy – dijo sin darse cuenta de que pensaba en voz alta – mañana … mañana seré lo o que viva hoy … nada de lo que está por venir está hecho, ni tan siquiera yo, que aquí estoy y aquí me siento

Se encaminó con paso lento hacia la cama … tratando de desentrañar el que se le antojaba un gran misterio … dónde querrían llevarla al día siguiente, y los que le seguirían, sus pasiones … sin darse cuenta todavía de que la rendición de él, aún en la distancia, era completa … pues a él se le habían rendido todas sus pasiones a una … ella y su urbanita corazón negro. …

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