El pan... o la esencia de las cosas. Pan.

Érase una vez la historia de una mujer que un buen día descubrió que podía hacer pan...

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Nunca pensó que podría hacer pan, ni lo hubiera pensando de no haber visto aquella receta, pero allí estaba, con todos los ingredientes preparados para que sus manos siguieran los pasos de la receta hasta convertirlos en un delicioso pan de cebolla a la sartén.

Mientras se entretenía con las manos en la masa no podía dejar de pensar en la complejidad de las cosas pequeñas, en la riqueza de sus detalles y en tanta magia como encerraban porque no, no era lo mismo comprarse un pan que hacer pan, no sólo cambiaba la textura y el sabor, no sólo transformaba la comida que acompañaría sino que cambiaba las sensaciones de la casa.

La calidez de su apartamento era distinta cuando se enredaba en la cocina, los aromas de su hogar se volvían más intensos y acogedores y, aunque sus platos eran siempre sencillos, contenían la fuerza de los ingredientes naturales que han sido tratados con el debido respeto.

El ser humano no vive sólo de pan. Necesitamos amor y cuidados, y encontrar una respuesta a quiénes somos y por qué vivimos.*

¿Con qué acompañaría su pan? un huevo campero, frito, sería un acompañante de lujo y no menos apetecible que un par de lonchas de jamón ibérico ¿tomate? sin duda y también aceite de oliva; sonreía ante lo sencillo, delicioso y nutricionalmente completo de su plato mientras marchaba con la masa de pan hacia la sartén. Vigiló con cariño la cocción de su pan y de nuevo constató ante sí misma que la cocina encierra, en la vida, más respuestas de las que podemos imaginar.

Y es que en la cocina, como en la vida, una cosa lleva a la otra: un buen pan a un buen jamón y un buen tomate, una buena idea a una buena acción y una buena acción… a otra; la vida no es nunca lo que sucede, pensó, y es siempre lo que se siente y se percibe, no son las grandes cosas las que dibujan una sonrisa perpetua sino los pequeños detalles que se hilvanan los unos con los otros creando un ambiente de calidez y abrigo, de humanidad buena. Pero nada, absolutamente nada de todo ello sería posible sin hilar esfuerzos propios a esfuerzos ajenos tejiendo un futuro para el hombre, porque apenas nada es posible para el hombre que camina solo y nada es posible para la humanidad si los que caminan han de arrastrar el lastre de los que se sienten no sólo legitimados a omitir su esfuerzo sino con derecho a vivir aprovechando el rebufo de los esfuerzos que les son ajenos.

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*La cita es de Jostein Gaarder, autor de El Mundo de Sofía.

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